Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
La guerra es frío en el alma,
noche eterna de invierno permanente,
de amaneceres con sombrío sol helado,
de vacío y hambre inmensurable.
La guerra es herrumbre en las heridas,
cubiertas con harapos camuflados,
de nombres sin soldados,
de podredumbre congelada.
La guerra es lluvia de metal,
de niños mutilados, rostros ensangrentados,
y de hombres que envejecen repentinamente
en un jardín de flores marchitadas.
La guerra es sangre ennegrecida,
nostalgia de la vida que se escapa,
de muertos que caminan en la sombra
añorando un pasado sin futuro.
La guerra es humo que intoxica,
de hoguera apagada por el viento.
Es la tierra enferma que no sana,
rencor que espera reiniciar el fuego ya extinguido.
noche eterna de invierno permanente,
de amaneceres con sombrío sol helado,
de vacío y hambre inmensurable.
La guerra es herrumbre en las heridas,
cubiertas con harapos camuflados,
de nombres sin soldados,
de podredumbre congelada.
La guerra es lluvia de metal,
de niños mutilados, rostros ensangrentados,
y de hombres que envejecen repentinamente
en un jardín de flores marchitadas.
La guerra es sangre ennegrecida,
nostalgia de la vida que se escapa,
de muertos que caminan en la sombra
añorando un pasado sin futuro.
La guerra es humo que intoxica,
de hoguera apagada por el viento.
Es la tierra enferma que no sana,
rencor que espera reiniciar el fuego ya extinguido.