JORGE FERNANDEZ RUIZ
Poeta asiduo al portal
LA HABITACIÓN DE LA SAL
Pude ver a través de mis manos...
Tu sombra, sin hartazgo de piel,
maduraba su azul
con el cielo atravesado entre las piernas.
¡Cómo empapa esta noche,
la sangre de los versos!
En tu boca enterré mis cenizas
y se fueron los quebrantos del azufre,
la fiebre de letanías y ausencia...
Desapareció el panfleto astillado en la garganta
y el niño que disecaba mariposas.
Casi sin querer, detuviste el tiempo.
odiabas las agujas que medían, a ciegas,
la encarnizada sedición de nuestros cuerpos.
Sé que te amé, porque me anduviste despacio
y dobló un hormiguero buscando mi vientre,
hacia los estambres duros de la saliva.
En la habitación de la sal, me curé del mundo,
pude ver a través de mis manos
y encontré tus labios, encaramados a la vida.
Pude ver a través de mis manos...
Tu sombra, sin hartazgo de piel,
maduraba su azul
con el cielo atravesado entre las piernas.
¡Cómo empapa esta noche,
la sangre de los versos!
En tu boca enterré mis cenizas
y se fueron los quebrantos del azufre,
la fiebre de letanías y ausencia...
Desapareció el panfleto astillado en la garganta
y el niño que disecaba mariposas.
Casi sin querer, detuviste el tiempo.
odiabas las agujas que medían, a ciegas,
la encarnizada sedición de nuestros cuerpos.
Sé que te amé, porque me anduviste despacio
y dobló un hormiguero buscando mi vientre,
hacia los estambres duros de la saliva.
En la habitación de la sal, me curé del mundo,
pude ver a través de mis manos
y encontré tus labios, encaramados a la vida.