JoanUribe
Poeta recién llegado
El tocador, en una esquina
Con el amor guardado en sus cajones
Y sobre él, una rosa con espinas
Testigo de delirios y pasiones.
A la derecha, la ventana siempre abierta
Para que algún día se escapen los recuerdos,
También, un adiós al otro lado de la puerta
Y por supuesto, tu fotografía, que está del lado izquierdo.
En el suelo inerte, una alfombra
Con el último rastro de tus pasos,
Y en la pared más grande, un reflejo de tu sombra
Diluida por la huella de un abrazo.
En un rincón, la cama vacía
Rodeada por nostalgias y fantasías tan dudosas,
Y sobre ella, aun nombrándote, están las sabanas ya frías
Que pudieron ser testigos y cómplices de un montón de cosas.
Es la habitación, amada mía
Tan sombría y tan distante, como una noche de aureolas,
Donde salgo del ensueño para esperarte cada día,
Y Donde vuelvo cada noche, a dormir de nuevo, pero a solas.
Con el amor guardado en sus cajones
Y sobre él, una rosa con espinas
Testigo de delirios y pasiones.
A la derecha, la ventana siempre abierta
Para que algún día se escapen los recuerdos,
También, un adiós al otro lado de la puerta
Y por supuesto, tu fotografía, que está del lado izquierdo.
En el suelo inerte, una alfombra
Con el último rastro de tus pasos,
Y en la pared más grande, un reflejo de tu sombra
Diluida por la huella de un abrazo.
En un rincón, la cama vacía
Rodeada por nostalgias y fantasías tan dudosas,
Y sobre ella, aun nombrándote, están las sabanas ya frías
Que pudieron ser testigos y cómplices de un montón de cosas.
Es la habitación, amada mía
Tan sombría y tan distante, como una noche de aureolas,
Donde salgo del ensueño para esperarte cada día,
Y Donde vuelvo cada noche, a dormir de nuevo, pero a solas.