Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa

Al pie de la noche de un día en pretérito
colgué el miedo que segaban mis labios
alcé la mirada que buscaba los trinos,
mi razón, su odio y tu amor clandestino.
Las hojas y piedras se escondían del frió,
colgada en los muros la canción de silencio,
tu voz y su voz al son de los vientos
y yo, cargado en paredes del tiempo.
Un alarido como sinónimo de dolor y martirio
una herida, un árbol, la niebla y tú olvido
gritó el abandono que llegó en mi camino
y ennegreció los cuentos de princesas y castillos.
Vuelvo sobre las aceras viejas a tropiezos
a la espera del sol y en la boca el secreto
en la mano cerrada, el cerrojo del infierno
y la frente cansada, de pesados recuerdos.
Por eso grito el camino que tu huella olvidó
en la herida, el árbol, la niebla y tu amor,
lamento la estela que su odio dejó,
sobre piedras y musgos, rastros de dolor.
En la intranquilidad, y a la espera del sol
se hunden las paredes en el llanto del humo,
los lobos devoran ciudades en algún callejón,
lacerados los recuerdos en una triste canción.
Al pie de la noche de un día en pretérito,
la herida, la niebla, el silencio y tu adiós.