Eladio Trigo
Poeta fiel al portal
LA HIJA DEL SOL.
Placenteramente ensimismado, me quedo vacilante,
permanezco encarcelado, disimulando mi sacrificio,
incomodo, desafió a mi cobardía por tu belleza,
sigilosamente y en sonrojado,
susurrando mi ensayo, navego a mi destino.
Aventurero y bandido, asalto a mi ensueño,
Estremecido, y rendido ala la hija del sol,
con pudor, balbuceos frases sin sentido,
bloqueado por tu resplandeciente aura,
tercamente interpreto mi función,
y como esclavo que soy de su mercader,
te pido clemencia, por esta grotesca interpretación.
Lívido y fracasado, por mi imperiosa conquista,
sutilmente, avanzo al trote con la compañía de mi ignorancia,
tiranamente y con desfigurado rostro, busco el abismo,
impacientemente obstinado en ser humo que se lleva el viento,
tozudamente, busco encontrar ese momento.
Desamparado y peregrino, almaceno tempestades,
nubes negras adornan con furor el cielo desaparecido,
contemplo tal ceremonioso estruendo, con dolor,
sin la hija del sol, mi lecho vivirá desecho,
y yo, miserablemente, viviré maltrecho.
Dudoso y anonadado,
ignorante del preludio que va acontecer,
milagrosamente observo el color fuego de la esperanza,
detrás del manto negro,
sumerge un rayo de vida,
el arco iris poderoso,
desafía formando su corona,
incansable, lucha hasta ver despejado su espacio,
contundente y victorioso,
ganador en una batalla de dioses,
de su aro, sumergen colores tan real como irreales,
pasmoso, y mostrando una reverencia orgullosa,
un milagro celestial,
asoma debajo del arco del triunfo,
es la hija del sol,
que resplandeciente me ilumina,
romántico y con sutileza,
osadamente la miro,
las nubes negras han huido,
la oscuridad sea quemado,
el cielo azul a renacido,
mi cobardía a desaparecido.
Eladio Trigo.
Placenteramente ensimismado, me quedo vacilante,
permanezco encarcelado, disimulando mi sacrificio,
incomodo, desafió a mi cobardía por tu belleza,
sigilosamente y en sonrojado,
susurrando mi ensayo, navego a mi destino.
Aventurero y bandido, asalto a mi ensueño,
Estremecido, y rendido ala la hija del sol,
con pudor, balbuceos frases sin sentido,
bloqueado por tu resplandeciente aura,
tercamente interpreto mi función,
y como esclavo que soy de su mercader,
te pido clemencia, por esta grotesca interpretación.
Lívido y fracasado, por mi imperiosa conquista,
sutilmente, avanzo al trote con la compañía de mi ignorancia,
tiranamente y con desfigurado rostro, busco el abismo,
impacientemente obstinado en ser humo que se lleva el viento,
tozudamente, busco encontrar ese momento.
Desamparado y peregrino, almaceno tempestades,
nubes negras adornan con furor el cielo desaparecido,
contemplo tal ceremonioso estruendo, con dolor,
sin la hija del sol, mi lecho vivirá desecho,
y yo, miserablemente, viviré maltrecho.
Dudoso y anonadado,
ignorante del preludio que va acontecer,
milagrosamente observo el color fuego de la esperanza,
detrás del manto negro,
sumerge un rayo de vida,
el arco iris poderoso,
desafía formando su corona,
incansable, lucha hasta ver despejado su espacio,
contundente y victorioso,
ganador en una batalla de dioses,
de su aro, sumergen colores tan real como irreales,
pasmoso, y mostrando una reverencia orgullosa,
un milagro celestial,
asoma debajo del arco del triunfo,
es la hija del sol,
que resplandeciente me ilumina,
romántico y con sutileza,
osadamente la miro,
las nubes negras han huido,
la oscuridad sea quemado,
el cielo azul a renacido,
mi cobardía a desaparecido.
Eladio Trigo.