Pedro Ferreira
Poeta veterano en el portal
LA HIPOCRESÍA
La hipocresía danza entre los labios.
No sólo labios.
Mudas sombras chinas en la pared.
Hay algas muertas que besan la arena.
Caricia de muerte, beso de Judas.
Manos que saludan diciendo adiós.
Y aquel beso al aire en la cara oculta.
Aquel beso que es aire si desnudo.
Que al final se desnuda.
Lo que resta del sueño de los pájaros
que perdieron las alas en el vuelo.
Majestuosidad dúctil, quebradiza.
Que anda queda, de puntillas, con miedos,
que anda sobre un mar esculpido en mármol
frío como la muerte.
Nunca amé el olor a santo. Comedia
que desprenden las palabras sin eco.
Doble forro del frac
con que visten sus voces.
No sólo labios. Hay actos hirientes.
Actos que queman al fuego del beso.
Que enfrían la tibieza de los brazos.
Ramas que pierden sus hojas al paso
del aire. Aire reo por pasar.
Y el beso queda mudo y sorprendido.
No sabe de impostura.
El beso queda callado en su intento.
Suspendido. Entre dos fonemas sordos.
La hipocresía danza entre los labios.
No sólo labios.
Mudas sombras chinas en la pared.
Hay algas muertas que besan la arena.
Caricia de muerte, beso de Judas.
Manos que saludan diciendo adiós.
Y aquel beso al aire en la cara oculta.
Aquel beso que es aire si desnudo.
Que al final se desnuda.
Lo que resta del sueño de los pájaros
que perdieron las alas en el vuelo.
Majestuosidad dúctil, quebradiza.
Que anda queda, de puntillas, con miedos,
que anda sobre un mar esculpido en mármol
frío como la muerte.
Nunca amé el olor a santo. Comedia
que desprenden las palabras sin eco.
Doble forro del frac
con que visten sus voces.
No sólo labios. Hay actos hirientes.
Actos que queman al fuego del beso.
Que enfrían la tibieza de los brazos.
Ramas que pierden sus hojas al paso
del aire. Aire reo por pasar.
Y el beso queda mudo y sorprendido.
No sabe de impostura.
El beso queda callado en su intento.
Suspendido. Entre dos fonemas sordos.
Aguadulce, mayo de 2008
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