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LA HIPOCRESIA

epimeteo

Poeta que considera el portal su segunda casa
Decía Oscar Wilde: “Es tan fácil para la gente simpatizar con el sufrimiento y en cambio le es tan difícil simpatizar con el pensamiento. Me hago eco de sus palabras y apostillo: ¿por que al ser humano le es tan fácil empatizar con el culpable y no con la víctima? ¿Acaso es que sufrimos el síndrome de Estocolmo?



Es tanta la hipocresía
inherente al ser humano
que siente el dolor lejano
tan solo en la lejanía.
Excedido en bonhomía
defiende a quien es culpable;
a la víctima indudable
la ignora de tal manera
que toma como bandera
la hipocresía evitable.


Creyéndose compasivo
ante si se justifica;
cuando el dolor le salpica
entonces se siente vivo.
De su ignorancia cautivo
así mismo se complace;
mas huye del desenlace
porque la verdad le hechice.
Una cosa es lo que dice,
muy distinto lo que hace.

¡Es tanta la hipocresía!
que en nuestro ser encontramos
que apenas disimulamos
con escasa fantasía.
Vivimos el día a día
saturados de simpleza;
sin hacer mucha pereza
le damos bastante al pico,
y criticamos al rico
envidiando su riqueza.

¡Toc! ¡Toc! llama la conciencia
por orden del corazón
y detrás va la razón
que ordena la inteligencia.
¡Basta ya de negligencia!
y de esconder la testuz
tal cual hace el avestruz
cuando el peligro le acecha;
quien con la verdad no apecha
ciego quedará y sin luz.


Con suspiros dolientes el poeta
canta de lejos el dolor ajeno;
responde un eco de conciencia lleno:
“fácil es sin que a nada comprometa”.

Más la vida que gira cual ruleta
suelta dardos cargados de veneno
y a veces sin pensarlo toca un pleno
cayéndose del alma la careta.

Ya de cerca metido en el horror
no halla forma en sus versos de decirlo;
del reparto va a ser primer actor.

Se dice ensimismado en su dolor:
“no es lo mismo cantarlo que sufrirlo
y es muy fácil hacer de trovador”.

Y muere así el soñador
porque ese proceder siendo esperpéntico
le ha alejado por siempre del auténtico.


Madrid, 30 de Abril del 2015
 
Última edición:
Eso mismo digo yo en un poema: ¿Por qué estas mismas gentes que critican y condenan las injusticiasm luego son las marionetas de los dragones y se dejan dirigir por ellos

Nada que el mundo no tiene cura

Encantada de leerte amigo, saludos cordiales
 
Eso mismo digo yo en un poema: ¿Por qué estas mismas gentes que critican y condenan las injusticiasm luego son las marionetas de los dragones y se dejan dirigir por ellos

Nada que el mundo no tiene cura

Encantada de leerte amigo, saludos cordiales
Convencido estoy de que el mundo no tiene cura. Baste repasar la historia de la humanidad y nos daremos cuenta de ello. Lo que ocurre que algunas almas bienintencionadas hacen de muro de contención y evitan que el desastre se ralentice. Gracias por tu visita y comentario, Mariluz
 
Bello y reflexivo poema. Grato leerle. Saludos.
¿Bella? si tu lo dices Lourdes. Yo más bien diría que contundente. Aunque evidentemente toda generalidad acarrea injusticias. Hay gente honesta, con ética y eso debería estar al alcance de todos y practicarlo claro. Parece ser que la hipocresía es mas rentable.
Muchas gracias Lourdes
 
Saludos! Te has ido!
Pero aún en tu ausencia
sigo disfrutando de tus obras
esta por ciento excelente
en su contenido y estructura
como todas las que nos regalaste
Fuerte el contenido y muy certero
ojalá y fuera de otra forma
que el mundo sería otro...
agradecida por la lectura
y espero volverte a ver por estos lares
con tu excelente poesía

con todo respeto,

ligiA
 
Decía Oscar Wilde: “Es tan fácil para la gente simpatizar con el sufrimiento y en cambio le es tan difícil simpatizar con el pensamiento. Me hago eco de sus palabras y apostillo: ¿por que al ser humano le es tan fácil empatizar con el culpable y no con la víctima? ¿Acaso es que sufrimos el síndrome de Estocolmo?



Es tanta la hipocresía
inherente al ser humano
que siente el dolor lejano
tan solo en la lejanía.
Excedido en bonhomía
defiende a quien es culpable;
a la víctima indudable
la ignora de tal manera
que toma como bandera
la hipocresía evitable.


Creyéndose compasivo
ante si se justifica;
cuando el dolor le salpica
entonces se siente vivo.
De su ignorancia cautivo
así mismo se complace;
mas huye del desenlace
porque la verdad le hechice.
Una cosa es lo que dice,
muy distinto lo que hace.

¡Es tanta la hipocresía!
que en nuestro ser encontramos
que apenas disimulamos
con escasa fantasía.
Vivimos el día a día
saturados de simpleza;
sin hacer mucha pereza
le damos bastante al pico,
y criticamos al rico
envidiando su riqueza.

¡Toc! ¡Toc! llama la conciencia
por orden del corazón
y detrás va la razón
que ordena la inteligencia.
¡Basta ya de negligencia!
y de esconder la testuz
tal cual hace el avestruz
cuando el peligro le acecha;
quien con la verdad no apecha
ciego quedará y sin luz.


Con suspiros dolientes el poeta
canta de lejos el dolor ajeno;
responde un eco de conciencia lleno:
“fácil es sin que a nada comprometa”.

Más la vida que gira cual ruleta
suelta dardos cargados de veneno
y a veces sin pensarlo toca un pleno
cayéndose del alma la careta.

Ya de cerca metido en el horror
no halla forma en sus versos de decirlo;
del reparto va a ser primer actor.

Se dice ensimismado en su dolor:
“no es lo mismo cantarlo que sufrirlo
y es muy fácil hacer de trovador”.

Y muere así el soñador
porque ese proceder siendo esperpéntico
le ha alejado por siempre del auténtico.


Madrid, 30 de Abril del 2015
Excelentes décimas y soneto, estimado Epimeteo,
se extraña tu presencia en el foro,
donde siempre te has lucido con tus versos, como en este caso,
un saludo cordial,
Eduardo
 
Decía Oscar Wilde: “Es tan fácil para la gente simpatizar con el sufrimiento y en cambio le es tan difícil simpatizar con el pensamiento. Me hago eco de sus palabras y apostillo: ¿por que al ser humano le es tan fácil empatizar con el culpable y no con la víctima? ¿Acaso es que sufrimos el síndrome de Estocolmo?



Es tanta la hipocresía
inherente al ser humano
que siente el dolor lejano
tan solo en la lejanía.
Excedido en bonhomía
defiende a quien es culpable;
a la víctima indudable
la ignora de tal manera
que toma como bandera
la hipocresía evitable.


Creyéndose compasivo
ante si se justifica;
cuando el dolor le salpica
entonces se siente vivo.
De su ignorancia cautivo
así mismo se complace;
mas huye del desenlace
porque la verdad le hechice.
Una cosa es lo que dice,
muy distinto lo que hace.

¡Es tanta la hipocresía!
que en nuestro ser encontramos
que apenas disimulamos
con escasa fantasía.
Vivimos el día a día
saturados de simpleza;
sin hacer mucha pereza
le damos bastante al pico,
y criticamos al rico
envidiando su riqueza.

¡Toc! ¡Toc! llama la conciencia
por orden del corazón
y detrás va la razón
que ordena la inteligencia.
¡Basta ya de negligencia!
y de esconder la testuz
tal cual hace el avestruz
cuando el peligro le acecha;
quien con la verdad no apecha
ciego quedará y sin luz.


Con suspiros dolientes el poeta
canta de lejos el dolor ajeno;
responde un eco de conciencia lleno:
“fácil es sin que a nada comprometa”.

Más la vida que gira cual ruleta
suelta dardos cargados de veneno
y a veces sin pensarlo toca un pleno
cayéndose del alma la careta.

Ya de cerca metido en el horror
no halla forma en sus versos de decirlo;
del reparto va a ser primer actor.

Se dice ensimismado en su dolor:
“no es lo mismo cantarlo que sufrirlo
y es muy fácil hacer de trovador”.

Y muere así el soñador
porque ese proceder siendo esperpéntico
le ha alejado por siempre del auténtico.


Madrid, 30 de Abril del 2015
Muy cierto e interesante poema Epimeteo. La hipocresia es muy frecuente en nuestra sociedad que esta plagada de gente mala. Encantada de leerte. Un abrazo.
 
Decía Oscar Wilde: “Es tan fácil para la gente simpatizar con el sufrimiento y en cambio le es tan difícil simpatizar con el pensamiento. Me hago eco de sus palabras y apostillo: ¿por que al ser humano le es tan fácil empatizar con el culpable y no con la víctima? ¿Acaso es que sufrimos el síndrome de Estocolmo?



Es tanta la hipocresía
inherente al ser humano
que siente el dolor lejano
tan solo en la lejanía.
Excedido en bonhomía
defiende a quien es culpable;
a la víctima indudable
la ignora de tal manera
que toma como bandera
la hipocresía evitable.


Creyéndose compasivo
ante si se justifica;
cuando el dolor le salpica
entonces se siente vivo.
De su ignorancia cautivo
así mismo se complace;
mas huye del desenlace
porque la verdad le hechice.
Una cosa es lo que dice,
muy distinto lo que hace.

¡Es tanta la hipocresía!
que en nuestro ser encontramos
que apenas disimulamos
con escasa fantasía.
Vivimos el día a día
saturados de simpleza;
sin hacer mucha pereza
le damos bastante al pico,
y criticamos al rico
envidiando su riqueza.

¡Toc! ¡Toc! llama la conciencia
por orden del corazón
y detrás va la razón
que ordena la inteligencia.
¡Basta ya de negligencia!
y de esconder la testuz
tal cual hace el avestruz
cuando el peligro le acecha;
quien con la verdad no apecha
ciego quedará y sin luz.


Con suspiros dolientes el poeta
canta de lejos el dolor ajeno;
responde un eco de conciencia lleno:
“fácil es sin que a nada comprometa”.

Más la vida que gira cual ruleta
suelta dardos cargados de veneno
y a veces sin pensarlo toca un pleno
cayéndose del alma la careta.

Ya de cerca metido en el horror
no halla forma en sus versos de decirlo;
del reparto va a ser primer actor.

Se dice ensimismado en su dolor:
“no es lo mismo cantarlo que sufrirlo
y es muy fácil hacer de trovador”.

Y muere así el soñador
porque ese proceder siendo esperpéntico
le ha alejado por siempre del auténtico.


Madrid, 30 de Abril del 2015
Que buen poeta eres. Esto es una catedral en el mundo de la poesía, por no hablar de moral.
Tan en lo cierto estás y en tanto están tus versos en lo ciertp que no tengo nada que decir, y para mí me cargo con la mia culpa.
Y no solo a nivel personal has acertado, sino que el grupo y como tal los estados están inmerso en este contexto y para concretar el imperio podiente es el que más "razones" agasaja y más pueblos a su favor están.
Un dominical saludo y mi admiración a tu arte.
Castro.
 
Que bien escribes admirado poeta.
Qué gusto encontrar poemas de esta altura poética
Abrazos



Decía Oscar Wilde: “Es tan fácil para la gente simpatizar con el sufrimiento y en cambio le es tan difícil simpatizar con el pensamiento. Me hago eco de sus palabras y apostillo: ¿por que al ser humano le es tan fácil empatizar con el culpable y no con la víctima? ¿Acaso es que sufrimos el síndrome de Estocolmo?



Es tanta la hipocresía
inherente al ser humano
que siente el dolor lejano
tan solo en la lejanía.
Excedido en bonhomía
defiende a quien es culpable;
a la víctima indudable
la ignora de tal manera
que toma como bandera
la hipocresía evitable.


Creyéndose compasivo
ante si se justifica;
cuando el dolor le salpica
entonces se siente vivo.
De su ignorancia cautivo
así mismo se complace;
mas huye del desenlace
porque la verdad le hechice.
Una cosa es lo que dice,
muy distinto lo que hace.

¡Es tanta la hipocresía!
que en nuestro ser encontramos
que apenas disimulamos
con escasa fantasía.
Vivimos el día a día
saturados de simpleza;
sin hacer mucha pereza
le damos bastante al pico,
y criticamos al rico
envidiando su riqueza.

¡Toc! ¡Toc! llama la conciencia
por orden del corazón
y detrás va la razón
que ordena la inteligencia.
¡Basta ya de negligencia!
y de esconder la testuz
tal cual hace el avestruz
cuando el peligro le acecha;
quien con la verdad no apecha
ciego quedará y sin luz.


Con suspiros dolientes el poeta
canta de lejos el dolor ajeno;
responde un eco de conciencia lleno:
“fácil es sin que a nada comprometa”.

Más la vida que gira cual ruleta
suelta dardos cargados de veneno
y a veces sin pensarlo toca un pleno
cayéndose del alma la careta.

Ya de cerca metido en el horror
no halla forma en sus versos de decirlo;
del reparto va a ser primer actor.

Se dice ensimismado en su dolor:
“no es lo mismo cantarlo que sufrirlo
y es muy fácil hacer de trovador”.

Y muere así el soñador
porque ese proceder siendo esperpéntico
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Madrid, 30 de Abril del 2015
 

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