Teo Moran
Poeta fiel al portal
Soy arcilla en la silueta de la hoja,
bajo su orfandad soy el otoño inflexible
que se desmorona con los colores
tatuados en la huella de su alma.
Verte aquí, entre los suspiros del viento
me hace reconocer al trigo desmembrado
que bajo el nogal me habla del desatino,
del amor que huye por la baranda,
de la mujer dueña de las amapolas,
de la carne que sin piel habita en los labios
y se descompone con su melodía olvidada.
Soy parsimonia bajo la silueta de la hoja,
tierra fértil que necesita del arado
para que la semilla germine del alma,
una mota de polvo en la comisura del recuerdo
donde la desgana se hace cierta y perenne.
Soy parte del fracaso que agoniza en el otoño
como aquellas hojas muertas vierten su llanto
y visten al camino con su silueta amarilla,
soy el primer paso a ningún sitio, sin destino,
mientras el sol arde sobre la tenue orilla
donde los chopos se desvisten sin ningún rubor.
Soy la silueta delgada de la hoja moribunda
en la melodía de los mares inalcanzables,
la nota herrumbrosa en los juncos del río,
el croar interminable de las ranas en la orilla,
el pez que nada indiferente ante el otoño
en la corriente de un cauce cristalino.
Soy la hoja que hoy muere sobre la hierba
ocultando con su silueta al sinuoso camino,
soy el latir y la caída de las almas nuevas
que en el ocaso mueren y renacen
en la melodía de un otoño inflexible,
soy la gota de cristal que moja a la hoja seca
y en su declive la recoge con sus labios,
intenta dar vida con las notas de su canción,
pero sé que ella es solo parte del camino
donde el horizonte se curva con sus colores,
da tinte a los pliegues cansados del recuerdo,
acaricia las copas de los pinos que se agitan
mientras los niños juegan en sus ramas
donde la inocencia se marchitó con el tiempo.
Soy abono bajo la silueta de la hoja,
el mantillo callado que se va pudriendo
para dar vida a las flores del sinuoso camino
que bajo el manto de las hojas renace
con la melodía de este otoño eterno.
bajo su orfandad soy el otoño inflexible
que se desmorona con los colores
tatuados en la huella de su alma.
Verte aquí, entre los suspiros del viento
me hace reconocer al trigo desmembrado
que bajo el nogal me habla del desatino,
del amor que huye por la baranda,
de la mujer dueña de las amapolas,
de la carne que sin piel habita en los labios
y se descompone con su melodía olvidada.
Soy parsimonia bajo la silueta de la hoja,
tierra fértil que necesita del arado
para que la semilla germine del alma,
una mota de polvo en la comisura del recuerdo
donde la desgana se hace cierta y perenne.
Soy parte del fracaso que agoniza en el otoño
como aquellas hojas muertas vierten su llanto
y visten al camino con su silueta amarilla,
soy el primer paso a ningún sitio, sin destino,
mientras el sol arde sobre la tenue orilla
donde los chopos se desvisten sin ningún rubor.
Soy la silueta delgada de la hoja moribunda
en la melodía de los mares inalcanzables,
la nota herrumbrosa en los juncos del río,
el croar interminable de las ranas en la orilla,
el pez que nada indiferente ante el otoño
en la corriente de un cauce cristalino.
Soy la hoja que hoy muere sobre la hierba
ocultando con su silueta al sinuoso camino,
soy el latir y la caída de las almas nuevas
que en el ocaso mueren y renacen
en la melodía de un otoño inflexible,
soy la gota de cristal que moja a la hoja seca
y en su declive la recoge con sus labios,
intenta dar vida con las notas de su canción,
pero sé que ella es solo parte del camino
donde el horizonte se curva con sus colores,
da tinte a los pliegues cansados del recuerdo,
acaricia las copas de los pinos que se agitan
mientras los niños juegan en sus ramas
donde la inocencia se marchitó con el tiempo.
Soy abono bajo la silueta de la hoja,
el mantillo callado que se va pudriendo
para dar vida a las flores del sinuoso camino
que bajo el manto de las hojas renace
con la melodía de este otoño eterno.
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