duf9991
Poeta adicto al portal
Cuéstame no asir
la fría empuñadura que reposa
tranquila, inocente.
Cuéstame no obligarme a insertar
su tétrica hoja que descansa,
como si no supiese nada.
Pero es el frío de la noche
y el viento empedernido
que congela cada surco de mi rostro,
el que me obliga, me invita a realizar
dicha obra tan macabra.
Y este viento no es común,
es un viento que endurece
la cara desde adentro
y no se asoma en ella
ni la más fría o cruel pincelada
sensación de gozo, de alegría.
La luz refleja su arco iris
en la hoja carnívora,
que con gusto la recibe
y le da alegre su posada.
El mango, negro, solo quiere
sentir el palpar de mis dudosas yemas,
pues sabe que al tocarlo
no hay tren que se devuelva;
mas ya mis yemas plasmaron hace rato
sus tersas huellas escondidas,
y ahora solo espero,
y escribo este triste poema
con tinta roja que se seca
al tocar este fino papel.
la fría empuñadura que reposa
tranquila, inocente.
Cuéstame no obligarme a insertar
su tétrica hoja que descansa,
como si no supiese nada.
Pero es el frío de la noche
y el viento empedernido
que congela cada surco de mi rostro,
el que me obliga, me invita a realizar
dicha obra tan macabra.
Y este viento no es común,
es un viento que endurece
la cara desde adentro
y no se asoma en ella
ni la más fría o cruel pincelada
sensación de gozo, de alegría.
La luz refleja su arco iris
en la hoja carnívora,
que con gusto la recibe
y le da alegre su posada.
El mango, negro, solo quiere
sentir el palpar de mis dudosas yemas,
pues sabe que al tocarlo
no hay tren que se devuelva;
mas ya mis yemas plasmaron hace rato
sus tersas huellas escondidas,
y ahora solo espero,
y escribo este triste poema
con tinta roja que se seca
al tocar este fino papel.