Poetakz
Poeta recién llegado
El silencio nos hizo rehenes
y en la profunda tranquilidad
nos veìamos a los ojos,
y nada parecìa real
cuando la hora de partir llegò,
cuando el presente pesaba màs
que un pasado negro o un futuro lejano
que ambos hemos de esperar.
Enredado en mi mano estaba su pelo,
y enredada mi alma estaba en su ser,
tan sòlo querìamos quedarnos asì
y aunque asì lo quisimos, asì no fue;
y en ese callado sitio los dos
perdìamos la nociòn del tiempo,
aunque ya las horas me sujetaban
para llevarme muy lejos.
Y encadenados los dos en el eterno abrazo,
sentìamos llover nostalgia y alegrìa;
ella me dio su risa y yo cubrì de besos
su sien, su cabello y su rostro de niña.
Ansiaba sumergirme en el mar de sus labios,
prohibido fue el momento y se disolviò;
y en medio de sollozos y leves suspiros
le crecìan las alas a un pequeño amor.
Yo no querìa soltarla, temìa tanto hacerlo;
¿cuàndo estarìa de nuevo atado a sus brazos?
Cantaban los serafines un canto de amor lejano,
y el tiempo, el enemigo, achicaba el espacio.
Y fundimos nuestras vistas al estar todo tan quieto,
y ella sintiò en su mano latir mi corazòn.
Dijeron nuestras bocas un dulce y cruel "Te quiero",
y luego se sellaron con un sombrìo "Adiòs".
y en la profunda tranquilidad
nos veìamos a los ojos,
y nada parecìa real
cuando la hora de partir llegò,
cuando el presente pesaba màs
que un pasado negro o un futuro lejano
que ambos hemos de esperar.
Enredado en mi mano estaba su pelo,
y enredada mi alma estaba en su ser,
tan sòlo querìamos quedarnos asì
y aunque asì lo quisimos, asì no fue;
y en ese callado sitio los dos
perdìamos la nociòn del tiempo,
aunque ya las horas me sujetaban
para llevarme muy lejos.
Y encadenados los dos en el eterno abrazo,
sentìamos llover nostalgia y alegrìa;
ella me dio su risa y yo cubrì de besos
su sien, su cabello y su rostro de niña.
Ansiaba sumergirme en el mar de sus labios,
prohibido fue el momento y se disolviò;
y en medio de sollozos y leves suspiros
le crecìan las alas a un pequeño amor.
Yo no querìa soltarla, temìa tanto hacerlo;
¿cuàndo estarìa de nuevo atado a sus brazos?
Cantaban los serafines un canto de amor lejano,
y el tiempo, el enemigo, achicaba el espacio.
Y fundimos nuestras vistas al estar todo tan quieto,
y ella sintiò en su mano latir mi corazòn.
Dijeron nuestras bocas un dulce y cruel "Te quiero",
y luego se sellaron con un sombrìo "Adiòs".
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