La huella del Omnipotente

ambiguedad

Poeta recién llegado
Tuve un hijo que me llenó de alegrías,
tuve un hijo que cambió mis días.
Nació sano y muy hermoso,
nació en la noche en un salón espacioso.
Todo era felicidad en mi vida,
hasta que llegó aquél amargo día.
Un diagnóstico que destrozó mi corazón
algo sin remedio que no tenía explicación.
Fueron días grises que me gustaría olvidar,
fueron noches largas que no paraba de llorar.
Mi hijo hermoso estaba enfermo,
mi hijo sano ya no estaba pleno.
Cada día despertaba con la esperanza que fuera un sueño,
cada día la esperanza se alejaba con otro dueño.
Llegó el día esperado pero inquietante,
mi hijo estaba en cirugía muy alarmante.
Quería que el tiempo pasara volando
pero el dueño del tiempo se sentó esperando.
esperando que yo me volviera impaciente,
que sintiera que la vida se volvía insuficiente.
Pude ver aquella puerta abrirse,
mi hijo en una cama con doctores dirigirse.
Dirigirse a ese cuarto tan húmedo y frío
que se convertiría en la cuna de mi hijo dormido.
Los días pasaron y mi retoño dormía,
mi corazón impaciente no se complacía,
Sufrí tanto que la vida daría,
por cambiar esa historia de triste agonía.
La dulce mañana de un día de invierno
él abrió los ojos pero también algo interno.
Eso interno que despertó mi esperanza
que levantó mi ánimo y me alegré hasta la danza.
El Omnipotente hizo un milagro,
su huella incrustó desafiando hasta lo extraordinario.
Nadie entendía que había pasado,
con ese niño enfermo que ya no estaba atado.
Atado a enfermedades que lo tenían casi muerto,
atado a desvelos que lo tenían inquieto.
Aquel cuarto húmedo dejó de ser mi casa,
un acogedor hogar tenemos hoy por gracia.
Visitas por esto ya no hay en hospitales,
Porque El Gran Yo Soy nos libró de los males.​
 

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