El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
Entremos de noche en el colegio vestidos de uniforme sin que nadie nos vea. Saltemos las vallas que hagan falta y usemos la horquilla de tu pelo para abrir la puerta de un aula. Pondré música en el móvil y se convertirá en un tocadiscos, convirtiéndose también las fotos de los niños en testigos de nuestra huida, en jueces y jurado de nuestro baile. Enterrémonos el uno al otro, salpiquémonos de voces del pasado, hagámonos valientes y convirtámonos en lectores de libros para esos pupitres solitarios, huérfanos por la noche, llenos de pureza y virginidad de día. Leámosle poesía bajo una linterna a ese público ausente, y que sepan lo que les espera en el futuro, cuando sus corazones crezcan y comiencen a intercambiarlos por sudor sobre una almohada, por fuegos artificiales entre sábanas. Por abrazos.
Que a la mañana siguiente nos separaren nuestras manos otras manos, las de un niño destronado, las de un príncipe que sin pupitre había quedado.
Huyamos después.
Salgamos a la calle y destripemos al mundo todos nuestros secretos, que sepa la mañana dejarnos solos y que cada sonrisa se llene de deseo incontrolable.
Corre.
Úntate el alma con mantequilla y da de comer, pues aquel que tenga hambre sepa alimentarse de ti. Ten por siempre chocolate en la boca, gasolina por saliva, y no dejes de correr.
Hay profesores que nos persiguen.
Que a la mañana siguiente nos separaren nuestras manos otras manos, las de un niño destronado, las de un príncipe que sin pupitre había quedado.
Huyamos después.
Salgamos a la calle y destripemos al mundo todos nuestros secretos, que sepa la mañana dejarnos solos y que cada sonrisa se llene de deseo incontrolable.
Corre.
Úntate el alma con mantequilla y da de comer, pues aquel que tenga hambre sepa alimentarse de ti. Ten por siempre chocolate en la boca, gasolina por saliva, y no dejes de correr.
Hay profesores que nos persiguen.