PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Escuchó todavía la voz que le gritaba ¡Detente por favor!
Y luego, el rugido de la 22 que le quemó los dedos.
Bien dicen que nadie es capaz de aumentar un segundo más a su vida. Ni siquiera aquella voz amorosa lo logró.
Solo por un momento se sintió arrepentido y luego…Se esparció…©
Mini cuento.
Y luego, el rugido de la 22 que le quemó los dedos.
Bien dicen que nadie es capaz de aumentar un segundo más a su vida. Ni siquiera aquella voz amorosa lo logró.
Solo por un momento se sintió arrepentido y luego…Se esparció…©
Mini cuento.
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