Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Miren...!
como cae abatida
la infancia dispersa...
De hambre, de frío,
de cruda indigencia.
Y, la que sobrevive,
malograda, ¡rueda!
creyendo que puede,
con unas monedas,
comprarse ‘ilusión’.
Y si no hay: ¡cerveza!
¡Mírenla!
como anda...
Feliz, de indecencia.
Fugada, revoltosa,
viciada, harapienta...
Vuelta,
contra si misma,
¡y contra cualquiera!
Hecha: ¡yesca y carne
de la delincuencia!
De los noticieros...
¡De la indiferencia!
Y, si se da un respiro
su angustia pequeña,
es: ¡de pegamento!
El ‘barre-conciencias’,
que, como a dopada
‘basura’ aglomera,
el sórdido triunfo
de su almita enferma.
Y la real ‘basura’,
responsable, encubierta,
cínica, desentendida,
sin Dios ni clemencia,
a efluvios importados
y espuma de solvencia
desmancha su culpa.
Y su negra alma ¡fétida!
pulcra, inmaculada,
perfumada... Queda.
¡Podrida por dentro!
¡Que gente de mierda!
...
como cae abatida
la infancia dispersa...
De hambre, de frío,
de cruda indigencia.
Y, la que sobrevive,
malograda, ¡rueda!
creyendo que puede,
con unas monedas,
comprarse ‘ilusión’.
Y si no hay: ¡cerveza!
¡Mírenla!
como anda...
Feliz, de indecencia.
Fugada, revoltosa,
viciada, harapienta...
Vuelta,
contra si misma,
¡y contra cualquiera!
Hecha: ¡yesca y carne
de la delincuencia!
De los noticieros...
¡De la indiferencia!
Y, si se da un respiro
su angustia pequeña,
es: ¡de pegamento!
El ‘barre-conciencias’,
que, como a dopada
‘basura’ aglomera,
el sórdido triunfo
de su almita enferma.
Y la real ‘basura’,
responsable, encubierta,
cínica, desentendida,
sin Dios ni clemencia,
a efluvios importados
y espuma de solvencia
desmancha su culpa.
Y su negra alma ¡fétida!
pulcra, inmaculada,
perfumada... Queda.
¡Podrida por dentro!
¡Que gente de mierda!
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