En el costado de aquel ser inmundo nacen malvas con olor a muerto reciente.El firmamento se desploma ante los lenguetazos lujuriosos que aquel,el innominado,da con insana satisfacción a los canastos de los siniestros patíbulos,donde se apilan cientos de cabezas de reyes y aristócratas,rebanadas por la irreverente y locuaz gillotina. Se escucha el eco lastimero que pronuncian en la noche sin luna los labios finos pero tortuosos del todopoderoso Lucifer,el cual,estruja con sus puños cerrados el corazón puro de una damisela,consagrada a la satánica causa de ser inmolada en la pila bautismal donde un irreverente sacerdote orinó con tremebunda hilaridad.¡Oh!sí,el mundo apesta a tabaco picado.Y los muy infelices que moran en ella se atiborran de brandy para poder conciliar un artificial sueño que se les antoja la salvación definitiva.Pero aún no ha llegado la hora en que el hijo del hombre ha de llegar en polainas para impartir justicia con un delirante y achacoso jarrón de cerveza.