Mariate
Poeta recién llegado
No es una espera o una tremenda ansiedad de sentir las letras
desprenderse de la carne, porque no hay formas de hacerlo,
sólo sucede y la búsqueda es inútil, el llamado es inexorable
como una vertiente que desagota un río desbocado, no avisa,
fluye de pronto y comienza el rito, el papel se moja de palabras,
vocales y minúsculas, se acomodan anárquicas y bailotean
a su antojo frente a los ojos que miran sin entender, porque
no es cierto que la mano las guía, sino que ellas hacen lo que
quieren, van hacia el tiempo y el espacio adónde quieren ir
no hay límites que las detengan, no hay una verdad que las signe,
ni verbo que no conjuguen, se siente raro, como un desflore
del alma en el cuerpo, casi como una necesidad fisiológica
como tener hambre o sueño, o ganas de tener sexo, y hay
que saciar ese pedir, porque no hay pesar mas grande que
la abstinencia, y no hay cura posible ni antídoto que se conozca
entonces se establece una lucha que es constante, ¿y qué hay
qué hacer? Nada, hay que desprenderse de ella y dejarla ir,
porque es parte de ser, de existir, solo que agobia y a veces
molesta.
Se dice que el poeta vive en dos mundos paralelos
incompatibles entre sí, yo creo que no, que ambos mundos
pueden convivir perfectamente, porque forman parte de una
unidad que es el hombre, después de todo, un poeta no es
un Dios, no está santificado o absuelto, es un ser con una extrema
sensibilidad, cuya vida es tan dolorosa como la de cualquiera
porque no hay dolor mas grande que vivir, el poeta hace de ese
dolor, su canto, como el pintor lo expone en sus cuadros, el
músico lo viste de melodía, ese mundo paralelo es el escape
donde se justifica el sentido de vivir desde otra visión, logra
con palabras modificar el anhelo del hombre, alimenta sus
sentidos, lo transporta a su mundo, si bien esto dura los minutos
que tarda en la lectura, pero hay lectores ávidos que necesitan
de ese sexto sentido que el escritor tiene, y que los sumerge en
el éxtasis, es un ejercicio mente y espíritu, de enriquecimiento,
pero el poeta es un hombre, y como tal, tiene todos sus defectos
y virtudes, y no es posible separar el poeta del hombre, entonces
a veces se habla de coherencia, de una relación decir/sentir que
no siempre van de la mano, ¿y a quién le importa?
El poeta es un solitario, porque carga un peso difícil de llevar,
el de su alma, ingobernable y expuesta a los golpes, entonces
se encierra en su mundo, y la protege con una coraza sólo
permeable a él, y sale a levitar, y puede transformar con su
alquimia la soledad en cosmogonía y alumbramiento, porque
un poema es para el poeta, un parto, y para el lector, una nueva
forma de vida. Pero en algún momento, una parte de su cuerpo
regresa, es inevitable, y es esa forma física la que no hay que ver,
ni intentar conocer, porque como mortal, es mejor amarlo
en su inmortalidad, la de sus letras.
desprenderse de la carne, porque no hay formas de hacerlo,
sólo sucede y la búsqueda es inútil, el llamado es inexorable
como una vertiente que desagota un río desbocado, no avisa,
fluye de pronto y comienza el rito, el papel se moja de palabras,
vocales y minúsculas, se acomodan anárquicas y bailotean
a su antojo frente a los ojos que miran sin entender, porque
no es cierto que la mano las guía, sino que ellas hacen lo que
quieren, van hacia el tiempo y el espacio adónde quieren ir
no hay límites que las detengan, no hay una verdad que las signe,
ni verbo que no conjuguen, se siente raro, como un desflore
del alma en el cuerpo, casi como una necesidad fisiológica
como tener hambre o sueño, o ganas de tener sexo, y hay
que saciar ese pedir, porque no hay pesar mas grande que
la abstinencia, y no hay cura posible ni antídoto que se conozca
entonces se establece una lucha que es constante, ¿y qué hay
qué hacer? Nada, hay que desprenderse de ella y dejarla ir,
porque es parte de ser, de existir, solo que agobia y a veces
molesta.
Se dice que el poeta vive en dos mundos paralelos
incompatibles entre sí, yo creo que no, que ambos mundos
pueden convivir perfectamente, porque forman parte de una
unidad que es el hombre, después de todo, un poeta no es
un Dios, no está santificado o absuelto, es un ser con una extrema
sensibilidad, cuya vida es tan dolorosa como la de cualquiera
porque no hay dolor mas grande que vivir, el poeta hace de ese
dolor, su canto, como el pintor lo expone en sus cuadros, el
músico lo viste de melodía, ese mundo paralelo es el escape
donde se justifica el sentido de vivir desde otra visión, logra
con palabras modificar el anhelo del hombre, alimenta sus
sentidos, lo transporta a su mundo, si bien esto dura los minutos
que tarda en la lectura, pero hay lectores ávidos que necesitan
de ese sexto sentido que el escritor tiene, y que los sumerge en
el éxtasis, es un ejercicio mente y espíritu, de enriquecimiento,
pero el poeta es un hombre, y como tal, tiene todos sus defectos
y virtudes, y no es posible separar el poeta del hombre, entonces
a veces se habla de coherencia, de una relación decir/sentir que
no siempre van de la mano, ¿y a quién le importa?
El poeta es un solitario, porque carga un peso difícil de llevar,
el de su alma, ingobernable y expuesta a los golpes, entonces
se encierra en su mundo, y la protege con una coraza sólo
permeable a él, y sale a levitar, y puede transformar con su
alquimia la soledad en cosmogonía y alumbramiento, porque
un poema es para el poeta, un parto, y para el lector, una nueva
forma de vida. Pero en algún momento, una parte de su cuerpo
regresa, es inevitable, y es esa forma física la que no hay que ver,
ni intentar conocer, porque como mortal, es mejor amarlo
en su inmortalidad, la de sus letras.


