Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
La insoportable brevedad de la limosna
Unas piezas de madera,
los zapatos grandes de papá,
un rifle de plástico,
aquel tren de igual materia,
un equipaje del valencia,
y un balón de cuero y cuerda.
Una bici y una moto,
un reloj que siempre acierta,
algún traje para fiesta,
y algo de oro que se agrieta.
Un inmueble que vendido
fue un regalo en el olvido,
y ahora que, el hambre aprieta
voy llorando resentido.
Un pecé, y una cadena,
musical de clase diestra,
otra bici de carreras,
y algún coche, sin cadenas.
Un pisito en las afueras,
y unos árboles ventana;
cuadro mágico de estampa,
olivares de una tierra.
Esas son mis posesiones,
y lo fueron todas ciertas;
ahora son sólo cajones,
que en el paro están desiertas.
Sólo quedan mis cojones,
que no dejan de escocer;
fueran bicis y balones,
insoportable sólo queda,
la brevedad de éste mi ser.
Si pudiera un yo ayudarme
con ocho al mes;
un número infinito,
que es un pan que no se ve.
Queda poco,
y llega el hambre;
ya me veo en la calle,
humillado en las esquinas,
pidiendo una limosna,
recitando poesía;
cantando alguna copla,
buscando algún detalle,
y durmiendo entre las sobras
de basuras que me aguanten.
La insoportable brevedad de la limosna
Unas piezas de madera,
los zapatos grandes de papá,
un rifle de plástico,
aquel tren de igual materia,
un equipaje del valencia,
y un balón de cuero y cuerda.
Una bici y una moto,
un reloj que siempre acierta,
algún traje para fiesta,
y algo de oro que se agrieta.
Un inmueble que vendido
fue un regalo en el olvido,
y ahora que, el hambre aprieta
voy llorando resentido.
Un pecé, y una cadena,
musical de clase diestra,
otra bici de carreras,
y algún coche, sin cadenas.
Un pisito en las afueras,
y unos árboles ventana;
cuadro mágico de estampa,
olivares de una tierra.
Esas son mis posesiones,
y lo fueron todas ciertas;
ahora son sólo cajones,
que en el paro están desiertas.
Sólo quedan mis cojones,
que no dejan de escocer;
fueran bicis y balones,
insoportable sólo queda,
la brevedad de éste mi ser.
Si pudiera un yo ayudarme
con ocho al mes;
un número infinito,
que es un pan que no se ve.
Queda poco,
y llega el hambre;
ya me veo en la calle,
humillado en las esquinas,
pidiendo una limosna,
recitando poesía;
cantando alguna copla,
buscando algún detalle,
y durmiendo entre las sobras
de basuras que me aguanten.