romaguce
Poeta recién llegado
Hoy es un domingo extraño y difícil de sobrellevar,
No hay risas ni cariños ni helado o una linda familia feliz,
Escapando de los días de la semana.
Hoy es un día,
Donde la ira de Dios,
Contempla el momento propicio para hacernos saber que sin él,
El dolor no es más que una simple flor al deshoje en el invierno de la vida.
Avanzan las horas marcando nuestras mejillas con el pálido color de su angustia,
Pero el dolor intenso de su perdón demora y en la desesperanza,
Cualquier respiro da mayor intranquilidad,
Cualquier rezo no encuentra oído,
Cualquier mirada al cielo cae al vacío
Como una señal de que siempre estaremos solos.
¿Pero como aplacar esta ira?,
Como alzar las manos en la oscuridad
Y encontrar el dedo de Dios entretenido con algún otro perdón e ignorante de mis suplicas;
Cada mañana sale el sol y me recuerda
Cuantas veces ignoré su canto y acalle sus destellos
Embriagado por el insomnio de mi propia codicia,
Pero hoy me doblo ante el dolor y ¡suplico!
… Mi mudo pedir se pierde entre en las estrellas al alba…
Siempre han sido días de poca ternura,
Sobre todo cuando no se encuentra respuestas que nos permitan entender,
El llanto de un niño extendiendo su delgada mano al frío de nuestras miradas
O al eterno olvido de Dios.
La ira de Dios,
no es más que nuestra propia ira,
vivida por nosotros mismos.
No hay risas ni cariños ni helado o una linda familia feliz,
Escapando de los días de la semana.
Hoy es un día,
Donde la ira de Dios,
Contempla el momento propicio para hacernos saber que sin él,
El dolor no es más que una simple flor al deshoje en el invierno de la vida.
Avanzan las horas marcando nuestras mejillas con el pálido color de su angustia,
Pero el dolor intenso de su perdón demora y en la desesperanza,
Cualquier respiro da mayor intranquilidad,
Cualquier rezo no encuentra oído,
Cualquier mirada al cielo cae al vacío
Como una señal de que siempre estaremos solos.
¿Pero como aplacar esta ira?,
Como alzar las manos en la oscuridad
Y encontrar el dedo de Dios entretenido con algún otro perdón e ignorante de mis suplicas;
Cada mañana sale el sol y me recuerda
Cuantas veces ignoré su canto y acalle sus destellos
Embriagado por el insomnio de mi propia codicia,
Pero hoy me doblo ante el dolor y ¡suplico!
… Mi mudo pedir se pierde entre en las estrellas al alba…
Siempre han sido días de poca ternura,
Sobre todo cuando no se encuentra respuestas que nos permitan entender,
El llanto de un niño extendiendo su delgada mano al frío de nuestras miradas
O al eterno olvido de Dios.
La ira de Dios,
no es más que nuestra propia ira,
vivida por nosotros mismos.