Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
En su corcel
Y a todo galope
Cabalga la jinetera
Tras su paso
Dejando huellas
En gobiernos, iglesias
Hasta en acera
En su corcel
Y a todo galope
Cabalga la gran señora
Con su mirada seductora
Y una sonrisa en su cara
Guiñando ojos llama
A caballeros y damas
No hay quien se le resista
Cuando ella engalana
Los bolsillos escondidos
De todos la claman
Reina nuestra
Ven por mi casa
Ágilmente ella engaña
A todos corrompe
En sus propias cara
Vestida de blanco escarlata
Con tacones de oro
Y monedas de plata
Tan vieja y tan descarada
Corrompe los cuerpos
También las almas
Manos extienden
Miradas se tapan
Cuando la doña se acerca
Todos proclaman
No hay gentilicio
Moral, ni buenas costumbres
Todos son débiles
Ante ella sucumben
Y a todo galope
Cabalga la jinetera
Tras su paso
Dejando huellas
En gobiernos, iglesias
Hasta en acera
En su corcel
Y a todo galope
Cabalga la gran señora
Con su mirada seductora
Y una sonrisa en su cara
Guiñando ojos llama
A caballeros y damas
No hay quien se le resista
Cuando ella engalana
Los bolsillos escondidos
De todos la claman
Reina nuestra
Ven por mi casa
Ágilmente ella engaña
A todos corrompe
En sus propias cara
Vestida de blanco escarlata
Con tacones de oro
Y monedas de plata
Tan vieja y tan descarada
Corrompe los cuerpos
También las almas
Manos extienden
Miradas se tapan
Cuando la doña se acerca
Todos proclaman
No hay gentilicio
Moral, ni buenas costumbres
Todos son débiles
Ante ella sucumben
La corrupcion carcome nuestra sociedad
Va de rincon en rincon
Nadie la puede parar
Va de rincon en rincon
Nadie la puede parar
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