Jueves de oscuridad, del cielo luna.
Las estrellas refulgen la capilla
y costaleros de amor ¡Qué maravilla!
levantan a Jesús. La noche es bruna.
Pasito, paso a paso y no te quiebres
que armonizan la fuerza de tus venas
plateados eslabones de cadenas
que labraron miríficos orfebres.
Al salir el Cachorro* es Cruz su espalda
y se enciende orgullosa la Giralda
y un rumor de gitanos se hace fuerte:
¡Arriba con tu estirpe costalero!
¡Arriba que en tus hombros va el Cordero
que por salvarnos, se entregó a la muerte!
José Soriano Simón
Safe Creative
Mayo 2025
*Las estrellas refulgen la capilla
y costaleros de amor ¡Qué maravilla!
levantan a Jesús. La noche es bruna.
Pasito, paso a paso y no te quiebres
que armonizan la fuerza de tus venas
plateados eslabones de cadenas
que labraron miríficos orfebres.
Al salir el Cachorro* es Cruz su espalda
y se enciende orgullosa la Giralda
y un rumor de gitanos se hace fuerte:
¡Arriba con tu estirpe costalero!
¡Arriba que en tus hombros va el Cordero
que por salvarnos, se entregó a la muerte!
José Soriano Simón
Safe Creative
Mayo 2025
La trágica leyenda del Cristo del Cachorro
La historia de Sevilla está repleta de leyendas, crónicas terroríficas y trágicas historias como la relativa a la talla del Cristo del Cachorro.
En la Cava de Triana vivía un gitano con una gran habilidad para tocar la guitarra y el cante jondo, conocido como «el Cachorro».
Nunca se le conocieron amores a este hombre, pero cada día cruzaba el puente de barcas para ir a Sevilla en busca de una misteriosa persona.
Un payo que lo veía a diario sospechó que en estas visitas recurrentes el gitano cometía adulterio a su esposa.
Los celos de aquel desconocido hacia «el Cachorro» alcanzaron su cenit una jornada en que lo esperó escondido mientras éste sacaba agua del pozo de la Venta Vela. Con el gitano enfrascado en la faena le atestó siete puñaladas que le quitaron la vida.
El vínculo entre el gitano y el Cristo del Cachorro
En paralelo a esta historia, el escultor Don Francisco Ruiz Gijón estaba sumido en una crisis creativa. La nueva Hermandad de la Expiración necesitaba una escultura que representase al Señor en el momento de su muerte y se la encargó a él.
Por entonces era uno de los mejores imagineros de la ciudad si bien este encargo le obsesionó con desmesura.
Una noche, el escultor se despertó repentinamente y tuvo un súbito impulso de salir a la calle. Atravesó el puente de barcas y fue hasta la puerta de la capilla de Patrocinio, donde presenció el terrible asesinato del «Cachorro».
Quedó impresionado ante la mirada del moribundo a tal punto que el artista retrató in situ la cara del difunto con carboncillo. El escultor plasmó esta agonía del gitano en una talla: el Cristo de la Expiración.
Cuenta la leyenda que cuando en el año 1682 salió la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio por primera vez, los vecinos de Triana comenzaron a gritar, «¡Mirad, si es el cachorro!».