Desde tiempo inmemorial existe el debate sobre si el libre albedrío existe, o no. Las personas son libres al actuar, o no lo son; su comportamiento está determinado o es libre. Con el surgimiento del psicoanálisis pareció encontrarse una prueba científica contra la libertad del hombre, Freud pretendió demostrar que el comportamiento no es libre, como las personas normalmente creen, sino que está completamente determinado por el inconsciente, por sus complejos, por el complejo primordial llamado el complejo de Edipo. Para esto, empleaba un ejercicio, le solicitaba a una persona que dijera lo primero que se le venía a la cabeza o, que al azar, dijera un número, un nombre, o una palabra cualquiera. Luego le pedía al sujeto que asociara en torno a esa palabra, para que luego el sujeto se diera cuenta que esa palabra estaba completamente determinada por sus complejos, por su inconsciente. Claro, este tipo de demostraciones a veces se generaliza hacia ámbitos que no están incluidos en el ejercicio. El ejercicio demuestra que si decimos lo primero que se nos viene a la mente, sin mucho pensar ni censurar, lo que llega está determinado por el inconsciente, pero cuando actuamos por objetivos, la cosa cambia.
Tomemos el juego de ajedrez como ejemplo. Es claro que mientras la destreza de juego del jugador aumenta, es más libre. Mientras mejor juega, su juego es más independiente de las influencias de su inconsciente. Esto ocurre con todas aquellas actividades que dependen de nuestra estrategia, si actuamos racionalmente, nuestros actos están menos distorsionados por la influencia del inconsciente, pero si reaccionamos, nuestros actos están completamente determinados por el inconsciente. Las personas impulsivas están completamente determinadas por el inconsciente, las personas que piensan antes de actuar, no tanto. A veces ocurre que una persona piensa mucho antes de actuar, pero cuando va a actuar, lo hace por impulso, como si de nada hubiera servido ese pensar.
Volviendo al ajedrez, ¿cuándo el inconsciente se filtra? Cuando se baja la guardia, cuando se relaja la atención, cuando se pierde la confianza en uno mismo. El reino del inconsciente se encuentra en los impulsos no mediatizados por la razón, y en aquellos momentos donde se relaja la atención por el motivo que sea, muchas veces es por cansancio, falta de concentración, temores, desconfianza, etc.
Freud sólo demostró que en aquellas zonas de nuestro comportamiento donde se relaja la atención, actúan nuestros complejos, pero no en el resto del comportamiento orientado a fines y, por sobre todo, en aquellas áreas donde hemos alcanzado la pericia, la maestría.
Claro, hay quienes pueden decir que el inconsciente actuó en la elección del fin, del objetivo. Nuestras preferencias están condicionadas por lo que hayamos vivido, eso es cierto, pero ya es otra cosa.
La patología comienza cuando el inconsciente actúa tanto que no es posible pensar antes de actuar, existen áreas de conflicto tan intenso, que prácticamente es imposible actuar con un mínimo de libertad; sin embargo, es posible ir extendiendo esos grados de libertad a partir del enfoque, la concentración, la atención.
Tomemos el juego de ajedrez como ejemplo. Es claro que mientras la destreza de juego del jugador aumenta, es más libre. Mientras mejor juega, su juego es más independiente de las influencias de su inconsciente. Esto ocurre con todas aquellas actividades que dependen de nuestra estrategia, si actuamos racionalmente, nuestros actos están menos distorsionados por la influencia del inconsciente, pero si reaccionamos, nuestros actos están completamente determinados por el inconsciente. Las personas impulsivas están completamente determinadas por el inconsciente, las personas que piensan antes de actuar, no tanto. A veces ocurre que una persona piensa mucho antes de actuar, pero cuando va a actuar, lo hace por impulso, como si de nada hubiera servido ese pensar.
Volviendo al ajedrez, ¿cuándo el inconsciente se filtra? Cuando se baja la guardia, cuando se relaja la atención, cuando se pierde la confianza en uno mismo. El reino del inconsciente se encuentra en los impulsos no mediatizados por la razón, y en aquellos momentos donde se relaja la atención por el motivo que sea, muchas veces es por cansancio, falta de concentración, temores, desconfianza, etc.
Freud sólo demostró que en aquellas zonas de nuestro comportamiento donde se relaja la atención, actúan nuestros complejos, pero no en el resto del comportamiento orientado a fines y, por sobre todo, en aquellas áreas donde hemos alcanzado la pericia, la maestría.
Claro, hay quienes pueden decir que el inconsciente actuó en la elección del fin, del objetivo. Nuestras preferencias están condicionadas por lo que hayamos vivido, eso es cierto, pero ya es otra cosa.
La patología comienza cuando el inconsciente actúa tanto que no es posible pensar antes de actuar, existen áreas de conflicto tan intenso, que prácticamente es imposible actuar con un mínimo de libertad; sin embargo, es posible ir extendiendo esos grados de libertad a partir del enfoque, la concentración, la atención.