Taitafa
Poeta recién llegado
La noche entra en duermevela
y se columpia en las farolas solitarias
donde espirales locas
de falenas roen la luz.
Un sereno suena un silbato
sobresaltando los imsomnios
y la sombra aromada de los saúcos.
Avisos encabritados en mi sangre
indican que estás a mi lado
y abro mis ojos serenos
para mirarte desnuda
mientras duermes.
Una luz tenue e intrusa
baña tu escorzo
del hombro a la cintura
donde el recogimiento tibio
de las sábanas trazan
un complicado código de pliegues.
Espío la marea tranquila
de tus pechos varados
en su sístole y su diástole.
La valva abierta de tus labios
registra la levedad de una sonrisa
que parece agradecer el último beso
y me vuelvo del otro lado
por temor a desbaratar
la líbido en calma
en su claroscuro de ternura.
Triceratos manso me retiro
y me recojo hacia algo profundo
arrastrando la sombra de tu piel
por laberintos del sueño
y del ensueño.
y se columpia en las farolas solitarias
donde espirales locas
de falenas roen la luz.
Un sereno suena un silbato
sobresaltando los imsomnios
y la sombra aromada de los saúcos.
Avisos encabritados en mi sangre
indican que estás a mi lado
y abro mis ojos serenos
para mirarte desnuda
mientras duermes.
Una luz tenue e intrusa
baña tu escorzo
del hombro a la cintura
donde el recogimiento tibio
de las sábanas trazan
un complicado código de pliegues.
Espío la marea tranquila
de tus pechos varados
en su sístole y su diástole.
La valva abierta de tus labios
registra la levedad de una sonrisa
que parece agradecer el último beso
y me vuelvo del otro lado
por temor a desbaratar
la líbido en calma
en su claroscuro de ternura.
Triceratos manso me retiro
y me recojo hacia algo profundo
arrastrando la sombra de tu piel
por laberintos del sueño
y del ensueño.