Álvaro Vacas Chalfoun
Poeta recién llegado
La misma sensación en el estómago:
instantes antes, por nerviosismo;
en el momento, por un inexplicable sobrecogimiento
que me quita la voz;
instantes después, por el arrepentimiento.
La náusea me castiga
porque no sé hablar;
más bien, no sé elegir
la frase indicada para el momento.
Me siento incómodo,
es culpa de la náusea,
pero también de ese blindaje
que me cubre de los pies a la cabeza
y vuelve mis gestos torpes,
como si estuviera bajo el agua.
Necesito una inyección de valentía,
pero ya se me acabaron
y ahora he enfermado de miedo:
me asusta tener que hacer todo con rapidez,
pues siempre me pienso lentamente los versos.
Y lo que tuve que haber dicho en su momento,
lo digo ahora.
Una granada que revienta tarde,
una llamada a la guerra tras el armisticio.
Ésa es mi lírica.
instantes antes, por nerviosismo;
en el momento, por un inexplicable sobrecogimiento
que me quita la voz;
instantes después, por el arrepentimiento.
La náusea me castiga
porque no sé hablar;
más bien, no sé elegir
la frase indicada para el momento.
Me siento incómodo,
es culpa de la náusea,
pero también de ese blindaje
que me cubre de los pies a la cabeza
y vuelve mis gestos torpes,
como si estuviera bajo el agua.
Necesito una inyección de valentía,
pero ya se me acabaron
y ahora he enfermado de miedo:
me asusta tener que hacer todo con rapidez,
pues siempre me pienso lentamente los versos.
Y lo que tuve que haber dicho en su momento,
lo digo ahora.
Una granada que revienta tarde,
una llamada a la guerra tras el armisticio.
Ésa es mi lírica.