Dioses mánicos soplan en la llama del deseo. Ésta ahuyenta la penumbra lucífuga. Que se proyecta sobre la faz demacrada del archidiablo Lucífugo. La luz es espectral. Y atemoriza al estudiante impávido de ciencias ocultas. Una sacudida telúrica abre brecha en la pared amarilleada por la llama del deseo. Y el estudiante se levanta. Observa a Satanás. Configurado en una forma de inocente niño pelirrojo. Es hora de invocar a las fuerzas ctónicas. Pero, en medio del ritual, el cirio que soporta la menguante llama del deseo cae a tierra firme. La luz desaparece. Y las tinieblas sin fondo se tragan el alma akhásica de toda la habitación toledana.