La llamaban loca,
quizá pasaba demasiado tiempo
jugando a asustar a las palomas,
me encantaba cuando se iban
y ella fingía volar
para seguirlas.
La encontré un día
abrazando con fuerza
el árbol en el que nos conocimos
con poco más de siete años…
Me fascinaba su total ausencia
de vergüenza
la manera en la que sacaba sonrisas
a los niños
La llamaban loca
y nos mirábamos sin entenderlo
Jamás le interesó la moda,
ni lo más mínimo,
sus leotardos de lunares rojos
y su viejísima chaqueta
verde con rayas amarillas
eran sus señas de identidad,
sin olvidar su preciosa melena rosa.
La llamaban loca,
pero nadie como ella reconocía la belleza
de cuatro piernas
entrelazadas bajo la manta del sofá
yo adoraba que se quedase dormida.
Aquella mañana la llevaba de compras
lo cual era una auténtica odisea
Estuvimos caminando
un par de horas,
sin prisa.
No sé porqué en ese momento
miré hacia otro lado…
No sé por qué carajo
pensé que la siguiente calle era peatonal
ni como se me ocurrió soltarle la mano
No fui consciente hasta que paró su risa
y escuché el golpe después del frenazo
Tirada en el suelo sangrando,
con la mirada perdida
y la boca entreabierta,
exhalando su último hálito de vida
me acarició la mejilla
y lo único que me dijo fue:
Tonto, ¿por qué lloras?
La llamaban loca,
pero en realidad era otra cosa.
quizá pasaba demasiado tiempo
jugando a asustar a las palomas,
me encantaba cuando se iban
y ella fingía volar
para seguirlas.
La encontré un día
abrazando con fuerza
el árbol en el que nos conocimos
con poco más de siete años…
Me fascinaba su total ausencia
de vergüenza
la manera en la que sacaba sonrisas
a los niños
La llamaban loca
y nos mirábamos sin entenderlo
Jamás le interesó la moda,
ni lo más mínimo,
sus leotardos de lunares rojos
y su viejísima chaqueta
verde con rayas amarillas
eran sus señas de identidad,
sin olvidar su preciosa melena rosa.
La llamaban loca,
pero nadie como ella reconocía la belleza
de cuatro piernas
entrelazadas bajo la manta del sofá
yo adoraba que se quedase dormida.
Aquella mañana la llevaba de compras
lo cual era una auténtica odisea
Estuvimos caminando
un par de horas,
sin prisa.
No sé porqué en ese momento
miré hacia otro lado…
No sé por qué carajo
pensé que la siguiente calle era peatonal
ni como se me ocurrió soltarle la mano
No fui consciente hasta que paró su risa
y escuché el golpe después del frenazo
Tirada en el suelo sangrando,
con la mirada perdida
y la boca entreabierta,
exhalando su último hálito de vida
me acarició la mejilla
y lo único que me dijo fue:
Tonto, ¿por qué lloras?
La llamaban loca,
pero en realidad era otra cosa.