Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LA LLAMADA
Con un tintineo de cristales
nos están llamando
desde el último eslabón
desde la única condena.
Los pies y las manos cubren de pesadez
lo que enfiló islas, parques, bulevares;
desde allá aún nos gritan
con campanas oxidadas
vencejos de altavoces.
El cuerpo
ya no es la habitación contigua a la esperanza
sino el territorio preservado para el miedo.
A las reservas, a los explosivos
habrá que dirigirse,
decir adiós como consigna, como arenga;
proclamar un hasta luego
por el hoy que nos despide
y abandonar la barca...
asumir a ciegas
el naufragio.
Con un tintineo de cristales
nos están llamando
desde el último eslabón
desde la única condena.
Los pies y las manos cubren de pesadez
lo que enfiló islas, parques, bulevares;
desde allá aún nos gritan
con campanas oxidadas
vencejos de altavoces.
El cuerpo
ya no es la habitación contigua a la esperanza
sino el territorio preservado para el miedo.
A las reservas, a los explosivos
habrá que dirigirse,
decir adiós como consigna, como arenga;
proclamar un hasta luego
por el hoy que nos despide
y abandonar la barca...
asumir a ciegas
el naufragio.
Última edición: