En esa noche ella lanzaba su lamento a mis oídos. Era como una sombra innombrable que aparecía. Buscaba la manera de que tal fenómeno no me afectara, pero siempre vencía mi tranquilidad. Ya era insoportable tal espantajo que dramatizaba mis noches, hasta que no pude resistirlo más. Tuve que tomar aquélla resolución que afectaría mi sosiego hasta ese entonces. Salí con el televisor del cuarto y dejé a mi esposa sola con su depresión nocturnal.
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