Tú no le perteneces al río o al océano
sino que eres de ambos,
una gota
a bordo de sus labios al besarse.
No eres rocío ni salpicadura
que se agota en la orilla, sino el eco
blanco del mar cuando se calla el agua.
No tiemblas en los pétalos nocturnos
de cualquier esperanza
sino que tiemblan ellos en tu aliento
y en tu lengua la nieve derritiéndose.
En la metamorfosis del deshielo
en que se rompe un copo de saliva
tu palabra es la lluvia que comienza
a deslizar sus ganas de sur y de sembrados
por la postura quieta de una cima nevada.
sino que eres de ambos,
una gota
a bordo de sus labios al besarse.
No eres rocío ni salpicadura
que se agota en la orilla, sino el eco
blanco del mar cuando se calla el agua.
No tiemblas en los pétalos nocturnos
de cualquier esperanza
sino que tiemblan ellos en tu aliento
y en tu lengua la nieve derritiéndose.
En la metamorfosis del deshielo
en que se rompe un copo de saliva
tu palabra es la lluvia que comienza
a deslizar sus ganas de sur y de sembrados
por la postura quieta de una cima nevada.