Sigo nutriendo mi inspiración con los poemas de Ciela. Esta vez le tocó el turno a Masoquista del agua, que pueden encontrar en
[FONT="]http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/173154-masoquista-del-agua.html
[FONT="]
Me lavo la cabeza
y las pupilas
en su panza.
Y su amnios
me enjuaga.
La lluvia-madre...
En un principio fue la lluvia
se le olvidó decir al autor del Génesis.
Se entiende porque vivía
en el desierto y las tormentas
que conocía eran de arena solamente.
El día que llovió pudo
nombrar lo hasta entonces innombrado:
-invisibilidad de las cosas que son piel de años-
desierto, calcinación, arenas
que cabalgan en el viento
y forman efímeras cordilleras
El escribiente, ya ciego, pidió ser llevado fuera
donde el aire vibraba de saetas
Sabía que no le quedaba tinta
en sus ojos para describir la lluvia.
También supo que no podría
narrar los ríos que corrían por su cuerpo
y hacían torrentes con su sangre vieja
Esas lágrimas nuevas que le surcaban el rostro
le perforaban el cráneo
le goteaban el alma
ya no podían penetrar sus ojos
No le entristeció la paradoja
Renacía, y mansamente se dio cuenta
que tanta juventud no cabría
El día que llovió supo que los días
del escritor-cronista habían terminado
La lluvia
la lluvia es.
Nunca más se escriban palabras de desierto
Y con ella se quedó hablando en aguas
yéndose en agua[FONT="]
[FONT="]http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/173154-masoquista-del-agua.html
[FONT="]
Me lavo la cabeza
y las pupilas
en su panza.
Y su amnios
me enjuaga.
La lluvia-madre...
En un principio fue la lluvia
se le olvidó decir al autor del Génesis.
Se entiende porque vivía
en el desierto y las tormentas
que conocía eran de arena solamente.
El día que llovió pudo
nombrar lo hasta entonces innombrado:
-invisibilidad de las cosas que son piel de años-
desierto, calcinación, arenas
que cabalgan en el viento
y forman efímeras cordilleras
El escribiente, ya ciego, pidió ser llevado fuera
donde el aire vibraba de saetas
Sabía que no le quedaba tinta
en sus ojos para describir la lluvia.
También supo que no podría
narrar los ríos que corrían por su cuerpo
y hacían torrentes con su sangre vieja
Esas lágrimas nuevas que le surcaban el rostro
le perforaban el cráneo
le goteaban el alma
ya no podían penetrar sus ojos
No le entristeció la paradoja
Renacía, y mansamente se dio cuenta
que tanta juventud no cabría
El día que llovió supo que los días
del escritor-cronista habían terminado
La lluvia
la lluvia es.
Nunca más se escriban palabras de desierto
Y con ella se quedó hablando en aguas
yéndose en agua[FONT="]
Última edición: