LA LLUVIA Y OTROS SECRETOS
Hoy ha cesado la lluvia y el mar está en calma.
El mar, como un tejado sediento de la lluvia que ya no cae
¿quien rompe la soledad de ese mar que ansía la lluvia?
Las verdes gotas estallan estruendosas
como flores que fenecen al abrirse.
Veo sus trazas como heridas caminando sobre llagas,
sus brillos de cobre viejo que no retiene el lamento.
Quiero, como la lluvia, romperme sobre el cristal
y ser su corazón al fondo, ese que dibujó una mano enamorada.
¿Quien puede imitar el llanto de la lluvia cuando muere?
Son tantos los secretos que no alcanzo a descubrir...
El blando lecho donde reposa la lluvia al caer
junto a mí, en el fondo glauco del mar
o en rosas circuncidadas como cantos de sirenas,
entre los cadáveres de las estrellas que murieron en la tarde,
todo nimbado de auras o de arcoiris helados...
Viajo asido a tu mano que es ahora árida y desconfiada
-también tu mano está nimbada de colores diferentes,
colores que yo creé para tí desde este fondo del mar
donde ahora yazgo-
Viajo asido a tu mano desde las flores que adornan
el rústico baptisterio, como la nube que ha abandonado a su lluvia,
viajo desde el color rojo púrpura de tu herida
en la que me has alojado mansamente, mujer o cántico.
Pero hombre soy y ahora debo irme.
Buscaré para nosotros el más digno acomodo
bajo los robles sin edad, que no dejan de cantar
la salmodia de sus noches desde las liras aladas.
Tantos son los secretos que no alcanzo a descubrir sin tí...
El mar, como un tejado sediento de la lluvia que ya no cae
¿quien rompe la soledad de ese mar que ansía la lluvia?
Las verdes gotas estallan estruendosas
como flores que fenecen al abrirse.
Veo sus trazas como heridas caminando sobre llagas,
sus brillos de cobre viejo que no retiene el lamento.
Quiero, como la lluvia, romperme sobre el cristal
y ser su corazón al fondo, ese que dibujó una mano enamorada.
¿Quien puede imitar el llanto de la lluvia cuando muere?
Son tantos los secretos que no alcanzo a descubrir...
El blando lecho donde reposa la lluvia al caer
junto a mí, en el fondo glauco del mar
o en rosas circuncidadas como cantos de sirenas,
entre los cadáveres de las estrellas que murieron en la tarde,
todo nimbado de auras o de arcoiris helados...
Viajo asido a tu mano que es ahora árida y desconfiada
-también tu mano está nimbada de colores diferentes,
colores que yo creé para tí desde este fondo del mar
donde ahora yazgo-
Viajo asido a tu mano desde las flores que adornan
el rústico baptisterio, como la nube que ha abandonado a su lluvia,
viajo desde el color rojo púrpura de tu herida
en la que me has alojado mansamente, mujer o cántico.
Pero hombre soy y ahora debo irme.
Buscaré para nosotros el más digno acomodo
bajo los robles sin edad, que no dejan de cantar
la salmodia de sus noches desde las liras aladas.
Tantos son los secretos que no alcanzo a descubrir sin tí...
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