Mary Mura
Poeta veterano en el portal
La locura del linyera
Muy contento dando vueltas,
estabas en esa esquina
envuelto en tu poncho rojo
hecho hilachas por la vida.
Regalabas tu sonrisa
a todo el que la quisiera,
alzabas tu brazo al cielo
saludando a las estrellas.
Que encerraría tu mente
en su loco desvarío,
que regalabas sonrisas
a este mundo tan sombrío.
La ciudad contaminada
Hizo tu piel más oscura,
pero esa sonrisa clara
la llenaba de blancura.
Si uno pasaba a tu lado
Imposible no mirarte,
pues tu sonrisa atraía
a esa gente tan distante.
Encerrado en ese mundo
tu parecías alegre,
pero nadie que te viera,
Dejaba de entristecerse.
Tal vez porque la locura
al hombre cuerdo lo asusta,
pues sonrisa tan alegre
el hombre cuerdo la oculta.
No conseguiste siquiera
de regalo una sonrisa,
porque el hombre que pasaba
caminaba muy de prisa.
Dando vueltas en la esquina
así seguiste bailando,
mientras un manto de estrellas
te seguía iluminado.
Muy contento dando vueltas,
estabas en esa esquina
envuelto en tu poncho rojo
hecho hilachas por la vida.
Regalabas tu sonrisa
a todo el que la quisiera,
alzabas tu brazo al cielo
saludando a las estrellas.
Que encerraría tu mente
en su loco desvarío,
que regalabas sonrisas
a este mundo tan sombrío.
La ciudad contaminada
Hizo tu piel más oscura,
pero esa sonrisa clara
la llenaba de blancura.
Si uno pasaba a tu lado
Imposible no mirarte,
pues tu sonrisa atraía
a esa gente tan distante.
Encerrado en ese mundo
tu parecías alegre,
pero nadie que te viera,
Dejaba de entristecerse.
Tal vez porque la locura
al hombre cuerdo lo asusta,
pues sonrisa tan alegre
el hombre cuerdo la oculta.
No conseguiste siquiera
de regalo una sonrisa,
porque el hombre que pasaba
caminaba muy de prisa.
Dando vueltas en la esquina
así seguiste bailando,
mientras un manto de estrellas
te seguía iluminado.
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