fercho psicosis
Poeta recién llegado
Cuando llevo mi mano lacerada a mi pecho
y siento el fuerte palpitar de mi frío corazón,
recuerdo que sigo vivo,
recuerdo que sigo sufriendo,
recuerdo que tengo pasado,
recuerdo que sigo sufriendo por mi pasado.
aquel pasado triste,
aquel amor triste,
aquella chica triste amante de este hombre ahora tiste.
Me amaba con locura y pasión ingente;
las lágrimas que derramo en el adiós,
esas lágrimas benditas que quemaron mis manos,
me revelaron la verdad de su dulce amor,
la verdad de su locura,
la verdad de su pasión,
la verdad de su amor.
Siempre tenía para mi una linda sonrisa,
un abrazo fuerte,
un beso suave,
una dulce caricia
y un “Te Amo” sincero.
Todo su tiempo me lo dio,
todo su espacio,
todo su ser;
aun resuenan sus palabras en mi cabeza:
“Eres mi mundo y todo lo que habita en él.”
Todo era hermoso,
todo era color de rosa.
Ella era como una rosa:
su cuerpo era hermoso como una rosa,
su piel era suave como los pétalos de una rosa,
su cabello era perfumado con el aroma de las rosas,
sus ojos de capullo…
sus profundos ojos de capullo…
siempre me miraba en ellos,
mi reflejo siempre estaba en ellos,
me miraba con ternura,
solo tenía ojos para mí.
Su sincero amor parecía no tener fin.
Pero todo lo que nace en este mundo se acaba,
hasta lo más perfecto tiene sus horas contadas.
Su amor acabó,
su amor murió,
hice que acabara,
hice que muriera.
Y yo no hice nada para que eso pasara,
no hice nada…
no dije nada…
nada.
Ella me lo dio todo y yo no le di nada,
ella me lo dijo todo y yo no le dije nada…
todo…
y…
nada…
la nada la lastimó, mi nada.
Uno por uno, sus pétalos, fueron arrastrados por el viento:
su sonrisa, sus caricias, sus besos,…, su amor,
todo se fue poco a poco
y así desapareció al final.
No me quedo más que sus lágrimas,
ardían en mis manos como fuego vivo,
me dejaron para siempre un estigma,
siempre me recordara mi error,
me recordara la forma en que tome aquella rosa,
despreocupado;
me lastime con las espinas.
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