ALYA
Poeta fiel al portal
Cada noche llega a mi ventana
aquella luna que mirábamos juntos.
En su cara de queso aún guarda las promesas de tus miradas,
en su espacio infinito,
retozaban alegres los suspiros de mi boca,
como hostia gigante purgaba los pecados
de tus labios sobre mi cuerpo.
Era nuestra luna,
la luna de mis poemas,
último testigo de nuestros encuentros.
Ahora ella es
la única que me ha visto doblegada
por tu ausencia,
la única que me ha visto postrada
por tu pérdida,
ella conoce el recorrido de mis lagrimas
tras los recuerdos
y el llanto mudo de mi alma.
Conoce mi cansancio de
cada tarde y la agonía del deseo
de mi piel,
que solo conoce el lenguaje de tus manos
parece ser, que me comprende
y cuando la miro, sobre la infinitud de su redondez
encuentro los ojos tristes que tanto amo.
aquella luna que mirábamos juntos.
En su cara de queso aún guarda las promesas de tus miradas,
en su espacio infinito,
retozaban alegres los suspiros de mi boca,
como hostia gigante purgaba los pecados
de tus labios sobre mi cuerpo.
Era nuestra luna,
la luna de mis poemas,
último testigo de nuestros encuentros.
Ahora ella es
la única que me ha visto doblegada
por tu ausencia,
la única que me ha visto postrada
por tu pérdida,
ella conoce el recorrido de mis lagrimas
tras los recuerdos
y el llanto mudo de mi alma.
Conoce mi cansancio de
cada tarde y la agonía del deseo
de mi piel,
que solo conoce el lenguaje de tus manos
parece ser, que me comprende
y cuando la miro, sobre la infinitud de su redondez
encuentro los ojos tristes que tanto amo.