Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
La Luna en Alicante, susurra dormitando;
Posando con su blanco aliento puentes sobre el mar.
A veces, en las nubes, acaba derramando
Los suspiros; fugados de tal sueño celestial.
Y en la calle aprisionada por el frío cemento,
Con la sombra de su cuerpo deslumbra al abismo,
Hundido en el asfalto; o la esquina sin encuentro,
Adentrándole un alma, como adentro un orgasmo.
Como se aferra un sentido en la atascada roca,
Que aguarda la eterna juventud arrebatada;
Que una vida, entre cimas del firmamento invoca,
A renovar, al ángel de las alas mutiladas.
Así nos acomoda entre sus órbitas lácteas.
Con las hebras del espíritu, teje una almohada;
Y un oasis de ilusión ante el feroz ocaso;
Y espejismo, al caminante entre la ciega nada.
Posando con su blanco aliento puentes sobre el mar.
A veces, en las nubes, acaba derramando
Los suspiros; fugados de tal sueño celestial.
Y en la calle aprisionada por el frío cemento,
Con la sombra de su cuerpo deslumbra al abismo,
Hundido en el asfalto; o la esquina sin encuentro,
Adentrándole un alma, como adentro un orgasmo.
Como se aferra un sentido en la atascada roca,
Que aguarda la eterna juventud arrebatada;
Que una vida, entre cimas del firmamento invoca,
A renovar, al ángel de las alas mutiladas.
Así nos acomoda entre sus órbitas lácteas.
Con las hebras del espíritu, teje una almohada;
Y un oasis de ilusión ante el feroz ocaso;
Y espejismo, al caminante entre la ciega nada.
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