Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caminando senderos descalzo
la luna pretendí tomar,
escapando distante de mis manos,
en que ni siquiera mi poncho de arriero
abrigaba la fría soledad de mis canas,
vi que las estrellas eran más negras,
cuando la luna huía de mis besos,
anclándose la insignificancia entre mis piernas.
Adentrada la noche en Abril,
conseguí asirme de la esquiva luna,
que se bamboleaba con mágica seducción,
para liarme encantado de sus cuerdas blanquecinas,
que se enredaban con el humo gris de mi pitillo,
compañero aferrado desde ya varios Abril transcurridos.
La luna y Abril,
se mezclaron en mis manos,
para entregarme a su cadencia,
que inalcanzable por el momento se hacia en el tiempo,
más dije hasta la luna.... y lloro mi esperanza,
avizorando que la selenita,
que habita en mi alma,
es la misma que de niño recitaba a mi madre,
para alcanzarle una estrella pegada a la luna
y un te quiero desde mis labios inocentes.
En Abril aparecí alunando,
como terreno fértil quise poseer desde mi asfalto,
y abrazando mis pies desde el sol que rebota,
se fue adentrando la calidez de sus versos en mi cuerpo,
que atrapé entre mis manos húmedas
con el copo de nieve que yacía durmiendo
el que se fue derritiendo bello,
haciendo mi líquido tibio,
que escurría por entre las caricias de su predio.
La luna ya no escapó para Abril,
encallándose a mis años,
que por hoy son varios más,
de los que en Abril hubiese pensado.
la luna pretendí tomar,
escapando distante de mis manos,
en que ni siquiera mi poncho de arriero
abrigaba la fría soledad de mis canas,
vi que las estrellas eran más negras,
cuando la luna huía de mis besos,
anclándose la insignificancia entre mis piernas.
Adentrada la noche en Abril,
conseguí asirme de la esquiva luna,
que se bamboleaba con mágica seducción,
para liarme encantado de sus cuerdas blanquecinas,
que se enredaban con el humo gris de mi pitillo,
compañero aferrado desde ya varios Abril transcurridos.
La luna y Abril,
se mezclaron en mis manos,
para entregarme a su cadencia,
que inalcanzable por el momento se hacia en el tiempo,
más dije hasta la luna.... y lloro mi esperanza,
avizorando que la selenita,
que habita en mi alma,
es la misma que de niño recitaba a mi madre,
para alcanzarle una estrella pegada a la luna
y un te quiero desde mis labios inocentes.
En Abril aparecí alunando,
como terreno fértil quise poseer desde mi asfalto,
y abrazando mis pies desde el sol que rebota,
se fue adentrando la calidez de sus versos en mi cuerpo,
que atrapé entre mis manos húmedas
con el copo de nieve que yacía durmiendo
el que se fue derritiendo bello,
haciendo mi líquido tibio,
que escurría por entre las caricias de su predio.
La luna ya no escapó para Abril,
encallándose a mis años,
que por hoy son varios más,
de los que en Abril hubiese pensado.