dulcinista
Poeta veterano en el Portal
El peor de la semana,
lunes el día que fui
a casa de la vecina
sujetando mi candil.
Sin luz me había quedado,
estaba claro que sí;
por ver si es que ella sabía
el motivo me vestí
y fui a su casa cruzando
como oveja en el redil.
Comentó que también ella
a oscuras estaba y sin
el bueno de su marido
porque se acababa de ir.
Me dije la pintan calva
y si estuviese por mí
hasta la luz llegaríamos
¡hoy maldigo mi desliz!
Se escucha un trueno furioso
y no te vayas de aquí
oigo que dice su boca
y sin darme cuenta sí
desvestida la contemplo
con una copa de gin.
Una noche de placer
trajo hasta mi vida mil
tormentos que parecían
que nunca tendrían fin.
Se puso la cosa seria
al momento de salir
porque manera no había
de que encontrase el candil,
y a oscuras tuve que irme
cruzando por el jardín
aunque de pensar en ella
iba contento y feliz.
Nada más dejar la casa
un hombre con un fusil
me da el alto y me pregunta
qué es lo que hago por allí.
Del miedo me quedo mudo
y mi cuerpo de lombriz
corre todo lo que puede
por no dejar de existir.
Maldiciendo el cazador
me dispara cual perdiz
errando el tiro a Dios gracias
que me permite vivir.
Tras un tiempo caminando
amanece un día gris
y compruebo con asombro
que me mira de perfil
mi vecina con un perro
y que el hombre del fusil
le pregunta si yo he sido
el hombre que vio salir.
La pregunta es peligrosa
pues ella responde sí.
¿Será sacerdote el hombre?
me pregunto al percibir
que la señal de la cruz
hace mirándome a mí.
¿O prefieres que mi perro
contigo se dé un festín?
dice con una sonrisa
de ser sanguinario y ruin.
Acuciado por las prisas
yo me pongo a discurrir
qué muerte de entre las dos
me haría menos sufrir.
Y antes que colmillo o bala
a mi vida le dé el fin
le grito: Pues con los cuernos.
Y despierto, cinco, abril.
Eladio Parreño Elías
19-Julio-2015