Lloraba largamente en las tinieblas
del ayer,
sentada en el horizonte
extendiendo las ramas de la vida
en la llama de mis labios en celo.
Hoy la luz está encendida,
su lumen dibuja sonidos,
colorea un puente que une la calle y la luna
como estampa diáfana cual gotas cayendo
por la faz de mi alma.
Ella mide mi sombra recargada en la ventana
que camina como un muerto
enjugando su despedida con el sol.
La luz está encendida
y ese fuego explota como una galaxia
en pleno desierto
pisando mi templo que aguarda
y busca tu amor.