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La luz que en ti habitaba

Pessoa

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Con la insistencia filiforme de los raíles del tren,
nacidos en la bruma de la fruta descompuesta;
con el extenuado latir de alas -corazones moribundos-
alas donde el plomo acaricia la tersura de un engaño;
como al líquido seminal de una lágrima de esperma
o hielo contumaz nacido de la paciencia.

Así te busco, oh luz adormecida,fulgor de mirada muerta.
Porque nadie osó exhumar ese fuego repentino
en la oquedad, robusta y limpia, de una calavera humana.
En ese cuévano como útero o simple urna votiva,
depositaria efímera de Dionisios venideros,
ónfalo confiado por los dioses a la canción aún no escrita.

Luz de los ojos nuevos, nacida de una nube estremecida,
vómito renovado de los prodigios de antiguos mitos.
Luz como promesa de dolores nuevos, pura complacencia,
la luz que señala a Sísifo el exacto lugar de su tormento,
iluminando también el esplendor apaciguado del ocaso.
Negros caballos alados, corceles ya de la noche,
traen a los caducos caballeros y a sus damas a la última soirée.

Después, nada ya será igual: ni el olor del heliotropo
-simple acetato de bencilo- ni el prodigioso arco-iris
que enlazaba el centelleo de tus pechos las noches que éramos magma.
Mujer de ayer, manantial de mi luz ya ida, onírico resplandor de luna llena.
En tu compendio de gráficas logarítmicas o raíles rectilíneos,
me incorporas al escueto, paralelo discurrir del tren que ya perdimos.
 
Con la insistencia filiforme de los raíles del tren,
nacidos en la bruma de la fruta descompuesta;
con el extenuado latir de alas -corazones moribundos-
alas donde el plomo acaricia la tersura de un engaño;
como al líquido seminal de una lágrima de esperma
o hielo contumaz nacido de la paciencia.

Así te busco, oh luz adormecida,fulgor de mirada muerta.
Porque nadie osó exhumar ese fuego repentino
en la oquedad, robusta y limpia, de una calavera humana.
En ese cuévano como útero o simple urna votiva,
depositaria efímera de Dionisios venideros,
ónfalo confiado por los dioses a la canción aún no escrita.

Luz de los ojos nuevos, nacida de una nube estremecida,
vómito renovado de los prodigios de antiguos mitos.
Luz como promesa de dolores nuevos, pura complacencia,
la luz que señala a Sísifo el exacto lugar de su tormento,
iluminando también el esplendor apaciguado del ocaso.
Negros caballos alados, corceles ya de la noche,
traen a los caducos caballeros y a sus damas a la última soirée.

Después, nada ya será igual: ni el olor del heliotropo
-simple acetato de bencilo- ni el prodigioso arco-iris
que enlazaba el centelleo de tus pechos las noches que éramos magma.
Mujer de ayer, manantial de mi luz ya ida, onírico resplandor de luna llena.
En tu compendio de gráficas logarítmicas o raíles rectilíneos,
me incorporas al escueto, paralelo discurrir del tren que ya perdimos.

Es un placer leer tu obra, querido amigo Miguel perfectamente trabajada y didáctica. Realmente uno entra en un mundo interior, muy profundo.. enhorabuena. Un abrazo, que tengas buen domingo, y feliz semana.
 
Hola, Tribu. Gracias por tu comentario, siempre enriquecedor, como un inmerecido laurel a mis versos. Son estos unos versos ya antiguos, de allá de septiembre del 2014, que ante la falta de inspiración de estos días, esos días aciagos en los que musa se toma vacaciones, he decidido reponer, pues en su día tuvieron un cierto eco. Muchas gracias por tu buena acogida. Un abrazo,
miguel
 
Mujer de ayer, manantial de mi luz ya ida, onírico resplandor de luna llena.

El poema es intenso, siempre habrá intensidad en la búsqueda de la luz.
Quien proyecta luz merece ser musa en la poesía, real o imaginaria.
Tu vocabulario es maravilloso.
Pasé por aquí y te dejé mi huella con la admiración de siempre.
Un abrazo.
 
Muchas gracias, mi querida Cecy, por tus palabras, siempre cálidas y muy acertadas. La luz, creadora de formas... y sentimientos. La luz del Mediterráneo, tan inspiradora. O la maravillosa luz del Norte, apausada, melancólica. Siempre será la luz. Recibe mi agradecimiento por tu presencia en mis versos.
miguel
 
Con la insistencia filiforme de los raíles del tren,
nacidos en la bruma de la fruta descompuesta;
con el extenuado latir de alas -corazones moribundos-
alas donde el plomo acaricia la tersura de un engaño;
como al líquido seminal de una lágrima de esperma
o hielo contumaz nacido de la paciencia.

Así te busco, oh luz adormecida,fulgor de mirada muerta.
Porque nadie osó exhumar ese fuego repentino
en la oquedad, robusta y limpia, de una calavera humana.
En ese cuévano como útero o simple urna votiva,
depositaria efímera de Dionisios venideros,
ónfalo confiado por los dioses a la canción aún no escrita.

Luz de los ojos nuevos, nacida de una nube estremecida,
vómito renovado de los prodigios de antiguos mitos.
Luz como promesa de dolores nuevos, pura complacencia,
la luz que señala a Sísifo el exacto lugar de su tormento,
iluminando también el esplendor apaciguado del ocaso.
Negros caballos alados, corceles ya de la noche,
traen a los caducos caballeros y a sus damas a la última soirée.

Después, nada ya será igual: ni el olor del heliotropo
-simple acetato de bencilo- ni el prodigioso arco-iris
que enlazaba el centelleo de tus pechos las noches que éramos magma.
Mujer de ayer, manantial de mi luz ya ida, onírico resplandor de luna llena.
En tu compendio de gráficas logarítmicas o raíles rectilíneos,
me incorporas al escueto, paralelo discurrir del tren que ya perdimos.
Buscar esa luz que, de ojos nuevos, encierra promesa de lugares atractivos, la
difuminacion de las esencias comprende lo ido y se queda con el onirico espacio
nocturno que marca la rectitud de ese discurir vital entre temblores.
bellissimo. saludos siempre amables de luzyabsenta
 

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