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Ella llego a su casa convencida,
que todo cambiaría en el instante
que devolviera el orden a su vida:
Sueños en vertical, en un estante,
Los rotos en la caja de costura,
imposibles, en bolsas de basura.
Como no discrimina,
le corta por igual,
bajo su disciplina,
el césped y el rosal.
Para el sauce llorón,
ordena una terapia de sillón
que averigüe de dónde la tristeza
que arrastra su fatal naturaleza.
Fue tras de la vendimia
que soltó su rojiza melena
bajo la luna llena
y el orden se hizo alquimia:
los libros aparecen alineados,
contemplando la luna embelesados.
Y es ante su belleza
que el poeta confiesa, enamorado,
que sus sensuales labios de cereza
le han devuelto las musas y los hados.
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