Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sabe el deseo que el amor no es más que un intruso
y la confianza una red a punto de quebrarse en tres,
"ay, caray" se piensa el amor sin motivo ni disimulo
y acelera el paso temiendo que hoy puede perder.
Dime la última vez que necesitaste estar amada
por un triste caballero de estos que nunca tienen armas,
apostamos lo que quieras tú
a que este pobre idiota consigue algo de luz.
En los caminos que se cruzan en la vida
nunca falta el que llega sin sentido,
en los caminos que tienen dirección prohibida
nunca falta aquél que mata lo que has vivido.
En la galería de mi teléfono hay dos fotos
donde yo quise besarte y tú huyendo de nosotros
le pones un lado de tus mejillas
a mis labios que ya no sienten cosquillas.
Ahora soy tan fuerte como el pobre de Sansón
tan listo como cualquier mortal,
tan ciego que ya no creo en el amor
ni en el sexo, ni en tu forma de maullar.
Dime si alguna vez necesitaste estar amada
por un pobre escritor sin letras ni papel,
échate una jugada a las cartas, por favor,
échate una jugada a las cartas, por favor,
y bebe un trago de olvido a mi merced.
A ti que te conocen en el barrio como la mal amada
se te olvida que en la vida hay dos cosas que no mueren,
el primer amor que te pone extraña y desubicada,
y el miedo de perder lo poco que se tiene
cuando ya se perdió.
y la confianza una red a punto de quebrarse en tres,
"ay, caray" se piensa el amor sin motivo ni disimulo
y acelera el paso temiendo que hoy puede perder.
Dime la última vez que necesitaste estar amada
por un triste caballero de estos que nunca tienen armas,
apostamos lo que quieras tú
a que este pobre idiota consigue algo de luz.
En los caminos que se cruzan en la vida
nunca falta el que llega sin sentido,
en los caminos que tienen dirección prohibida
nunca falta aquél que mata lo que has vivido.
En la galería de mi teléfono hay dos fotos
donde yo quise besarte y tú huyendo de nosotros
le pones un lado de tus mejillas
a mis labios que ya no sienten cosquillas.
Ahora soy tan fuerte como el pobre de Sansón
tan listo como cualquier mortal,
tan ciego que ya no creo en el amor
ni en el sexo, ni en tu forma de maullar.
Dime si alguna vez necesitaste estar amada
por un pobre escritor sin letras ni papel,
échate una jugada a las cartas, por favor,
échate una jugada a las cartas, por favor,
y bebe un trago de olvido a mi merced.
A ti que te conocen en el barrio como la mal amada
se te olvida que en la vida hay dos cosas que no mueren,
el primer amor que te pone extraña y desubicada,
y el miedo de perder lo poco que se tiene
cuando ya se perdió.