La mala costumbre

Cesia solan

Poeta recién llegado
Todo se ha vuelto demasiado monótono en esta vida. No nos preocupamos por nosotros ni por los demás; vivimos desde la superficie, desde la apariencia, desde la carencia y los delirios de grandeza.

Pero ¿todo es real? ¿Somos auténticos? ¿Aceptamos nuestros sentimientos? ¿Aceptamos la responsabilidad de lo que hacemos y pensamos? ¿Realmente nos hemos vuelto así de capaces, o simplemente somos conscientes y no nos preocupamos por los demás?

Solo decimos, llenos de palabras vacías, que cambiaremos, que nos comprenderemos, que nos amaremos, y nada cambia, ni en nosotros ni en los demás. Todos terminamos juntándonos con nuestros iguales. Pero ¿qué sucede si no hay alguien igual? ¿Quedamos varados en la soledad de la vida? Aunque nazcamos solos y terminemos sepultados solos, muy probablemente no haya nadie más que uno mismo. Entonces, ¿por qué enfrentar esa carga en medio de tanta indiferencia hacia los demás?

Merecemos tanto, pero hay tan poco en la gente, incluso en nosotros mismos, a la hora de entregarnos. Pero si no me entrego, ¿quién se entregará por mí? ¿Quién no juzgará mis palabras y mis pensamientos? ¿Quién aceptará que puedo ser más, que puedo confiar, que puedo dejarlo todo?

¿Qué debería hacer con esta vida? ¿Qué debería hacer con esta sociedad? ¿Ser un alimento más para almas hambrientas de autenticidad? ¿O permanecer observando cómo todos buscan ser vistos mientras olvidan aprender a vivir?
 
Todo se ha vuelto demasiado monótono en esta vida. No nos preocupamos por nosotros ni por los demás; vivimos desde la superficie, desde la apariencia, desde la carencia y los delirios de grandeza.

Pero ¿todo es real? ¿Somos auténticos? ¿Aceptamos nuestros sentimientos? ¿Aceptamos la responsabilidad de lo que hacemos y pensamos? ¿Realmente nos hemos vuelto así de capaces, o simplemente somos conscientes y no nos preocupamos por los demás?

Solo decimos, llenos de palabras vacías, que cambiaremos, que nos comprenderemos, que nos amaremos, y nada cambia, ni en nosotros ni en los demás. Todos terminamos juntándonos con nuestros iguales. Pero ¿qué sucede si no hay alguien igual? ¿Quedamos varados en la soledad de la vida? Aunque nazcamos solos y terminemos sepultados solos, muy probablemente no haya nadie más que uno mismo. Entonces, ¿por qué enfrentar esa carga en medio de tanta indiferencia hacia los demás?

Merecemos tanto, pero hay tan poco en la gente, incluso en nosotros mismos, a la hora de entregarnos. Pero si no me entrego, ¿quién se entregará por mí? ¿Quién no juzgará mis palabras y mis pensamientos? ¿Quién aceptará que puedo ser más, que puedo confiar, que puedo dejarlo todo?

¿Qué debería hacer con esta vida? ¿Qué debería hacer con esta sociedad? ¿Ser un alimento más para almas hambrientas de autenticidad? ¿O permanecer observando cómo todos buscan ser vistos mientras olvidan aprender a vivir?
La vida hoy en día es monótona, colmada de apariencia y superficialidad.

Saludos
 

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