Lissethe Ruemar
Poeta recién llegado
Truhanerías y discursos inmaduros,
son sonámbulos, acalorados y oscuros
gritos de descontentos y misterios sutiles,
que trastornan con ideas inútiles,
y son las acusaciones ilógicas,
que profanan las visiones mágicas,
con tontas justificaciones
y vagas razones,
cuando son injustas las suposiciones,
que tiene como reforma y voluntad de ego,
tienen en la boca basura del corcho, del añejo amargo,
de vicios injuriosos, que pudren los dientes,
de hipocresía y malicia reprimida, cuando mientes.
Tus razonamientos menos que básicos,
son más que simples y tercos,
son como de barbaros y locos,
cuando aturdidos los elementos de unos pocos,
que piensan que en la mente tienen ciencia,
pero tienen sucia la conciencia,
y basura de indecencia,
es la perversa historia
y el fraude que implantan en la memoria.
La manía de perder el tiempo y el compromiso,
de quejarse de la confusión por ser indeciso
y el opaco esfuerzo de un invalido,
se mescla con la mala formación de un individuo,
que solo sirve para quejarse y buscar culpables,
pues estropeas la tranquilidad de los amables
y simpáticos dones,
que desperdicias con tus alucinaciones.
son sonámbulos, acalorados y oscuros
gritos de descontentos y misterios sutiles,
que trastornan con ideas inútiles,
y son las acusaciones ilógicas,
que profanan las visiones mágicas,
con tontas justificaciones
y vagas razones,
cuando son injustas las suposiciones,
que tiene como reforma y voluntad de ego,
tienen en la boca basura del corcho, del añejo amargo,
de vicios injuriosos, que pudren los dientes,
de hipocresía y malicia reprimida, cuando mientes.
Tus razonamientos menos que básicos,
son más que simples y tercos,
son como de barbaros y locos,
cuando aturdidos los elementos de unos pocos,
que piensan que en la mente tienen ciencia,
pero tienen sucia la conciencia,
y basura de indecencia,
es la perversa historia
y el fraude que implantan en la memoria.
La manía de perder el tiempo y el compromiso,
de quejarse de la confusión por ser indeciso
y el opaco esfuerzo de un invalido,
se mescla con la mala formación de un individuo,
que solo sirve para quejarse y buscar culpables,
pues estropeas la tranquilidad de los amables
y simpáticos dones,
que desperdicias con tus alucinaciones.