jmacgar
Poeta veterano en el portal
Narciso, de Caravaggio
I
Siempre he pensado en un oscuro doble,
ése del otro lado del espejo,
el tantas veces raro, extraño rostro
que hallo también en los remansos de agua
produciéndome pánico, terror,
cual si estuviese justo allí cautivo.
II
De alguna forma estoy así, cautivo;
la imagen reflejada, la del doble,
tiene como una mueca de terror,
no encuentro disimulo en el espejo
al que estoy asomado, mas el agua
de la cercana fuente alivia el rostro;
III
límpida, clara, fresca sobre el rostro
que en aquella lisura está cautivo,
en la fontana que remansa el agua
con la que me remojo y siento un doble
sentimiento de paz; en el espejo
veo entonces mi cara de terror
IV
frente a mi, sí, la cara de terror,
ese terror que desfigura el rostro,
el rostro que rechazo en el espejo,
en el espejo en donde estoy cautivo,
cautivo del reflejo de mi doble,
mi doble que me sigue hasta en el agua.
V
Por eso cuando encuentro mansa el agua,
hallo un motivo claro de terror,
pues de nuevo me encuentro con el doble,
y con la misma mueca, el mismo rostro
de alguien que huye de sí, de alguien cautivo
por la imagen que ve por el espejo;
VI
¡Oh! qué fatal tortura es el espejo
¡Oh! qué terrible la virtud del agua
reflejándome así, por ser cautivo
de ese mal de Narciso, y el terror
me anega por completo al ver mi rostro
como algo ajeno a mí, será mi doble…
Ese doble que veo en el espejo
con mi rostro, Narciso sobre el agua,
me da terror ¿acaso está cautivo?
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