Osidiria
Poeta asiduo al portal
LA MARGARITA DE LOS SUEÑOS
Llovía como si no hubiera un mañana,
pero lo cierto es que si lo había nadie lo esperaba,
las gotas de lluvia rebotaban sobre el asfalto
como chispas incandescentes en una fragua
dejando en carne viva los pies de los pocos suicidas
que aún se atrevían a soñar
con encontrar alguna mariposa buscando su flor.
La noche aullaba con fuerza clavando como agujas en la piel
los gritos apagados de las gargantas que se revolcaban en el fango
afanando inútilmente por encontrar un corazón
que no estuviera infectando del mal de nuestro tiempo,
ese mal que nos impide creer en nosotros mismos
y que siempre hay alguien empeñado en decirnos
que el remedio para nuestros males lo tienen ellos en sus manos.
La margarita de los sueños se ha deshojado
y ya no queda ningún latido dispuesto a creer en el amor,
los rincones del destino se han dilatado
para dar cabida en ellos a las canciones de los enamorados
que murieron mientras esperaban
a que alguien llegara a rescatarlas del olvido.
Llovía como si no hubiera un mañana,
pero lo cierto es que si lo había nadie lo esperaba,
las gotas de lluvia rebotaban sobre el asfalto
como chispas incandescentes en una fragua
dejando en carne viva los pies de los pocos suicidas
que aún se atrevían a soñar
con encontrar alguna mariposa buscando su flor.
La noche aullaba con fuerza clavando como agujas en la piel
los gritos apagados de las gargantas que se revolcaban en el fango
afanando inútilmente por encontrar un corazón
que no estuviera infectando del mal de nuestro tiempo,
ese mal que nos impide creer en nosotros mismos
y que siempre hay alguien empeñado en decirnos
que el remedio para nuestros males lo tienen ellos en sus manos.
La margarita de los sueños se ha deshojado
y ya no queda ningún latido dispuesto a creer en el amor,
los rincones del destino se han dilatado
para dar cabida en ellos a las canciones de los enamorados
que murieron mientras esperaban
a que alguien llegara a rescatarlas del olvido.