jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
después de llevar tres semanas de feliz relación
una noche medio borracho se te ocurre preguntarle
qué diría si le propusieras que viviesen juntos;
ella es aún muy joven pero tiene problemas en su casa
-acaba de cumplir 21, tú ya rondas los 55-
te dice que no lo pensaría dos veces, que haría lo que fuera
para no tener que seguir viéndoles ya la jeta
al hijo de puta de su padrastro y a su desquiciada madre;
unos días más tarde, pide prestado el carro a un amigo
carga en él su ropa y sus zapatos, su album de fotos
su colección de peluches regalados por sus veintitantos ex novios
y te da la sorpresa yendo a tocar a primera hora de una
radiante mañana estival, a la puerta
del cochambroso cuchitril que alquilas en el extraradio;
tú estás resacoso para variar y apenas has conseguido
dormir unas pocas horas dado que estuviste tomando hasta las 3 am
-al verla parada afuera en el umbral, incluso
te preguntas qué diablos hace allí, quién le dijo que viniera
y en la bruma alcohólica de tu cabeza apenas subsiste ya el recuerdo
de que alguna vez le ofreciste que vivieran juntos-
sientes que te revienta la cabeza y tienes la cara hinchada
ella, sin embargo, se arroja a tus brazos fresca y liviana
y te planta un beso y exclama alegremente
"¡ya estoy aquí, mi vida, y ahora me encantaría
que me hicieras el amor para celebrar que al fin estamos juntos!"
su puta madre -piensas tú- ya empezamos con la maldita calentura
pero te tomas un par de alka seltzer con una cerveza fría
y le bajas luego las bragas y se la metes de pie
"¡oh, sí, oh, qué rico!" exclama ella -tiene esa puta costumbre
de encontrar maravillosa cada cosa que le sucede-
entretanto tú has empezado a sudar como un cerdo
y a vértelas cada vez más putas para no perder la erección
a medida que pasan los minutos y su coño
se llena de agua y se dilata y aprieta cada vez menos
pero no da indicios de que vaya a correrse pronto
-además tienes ya un rato con ganas de mear
y en esas condiciones resulta imposible concentrarse en el palo-
al final te rindes, se la sacas abruptamente
le dices que aguante, que necesitas ir a echar una meada
y que además se te durmió una pierna
"¡oh, oh, estaba ya a punto de correrme!" exclama ella
pues ponte a darte con el puto dedo -piensas tú- que yo
si no tiro las aguas me revienta la vejiga;
cuando vuelves del baño, por supuesto,
tu hermosa princesita tiene ya la jeta torcida
"¿necesitas media hora para echar una jodida meada, villa?"
abres la boca para hablarle de tus problemas de próstata
cómo se te inflaman las vías urinarias a causa del alcohol
la penosa lentitud con que te va escurriendo
cada gota de orina por la punta del glande
y el dolor que sientes en los huevos mientras ello ocurre
"¡ahórrate las putas explicaciones, pendejo, ahórrate
cada una de tus jodidas palabras llenas de sabiduría
y todos esos rollos científicos que acostumbras soltar
para justificar tus putadas y desatinos, y ve y métetelos
por el culo, pinche vejestorio de mierda!"
aquello no parece estar yendo bien de ninguna manera
te acercas a ella y alargas la mano para acariciar su cara
"¡ni se te ocurra tocarme, estúpido!"
se ha vuelto a subir las bragas y arreglado la falda
el reloj de pared colgado sobre la cama señala las 8 33 am
si ella se larga ahora, habrá estado contigo 45 minutos
en efecto, ha cruzado el cuarto en dirección a la puerta
y en este momento se detiene junto a su maleta
"¡si te veo merodeando por mi casa, pedazo de estiércol
te denuncio por violación y sodomía!"
le alcanzas a ver un pedazo de culo cuando se agacha
y agarra la maleta y abandona luego la estancia;
lástima de culo -piensas tú mientras el corazón
se te va llenando poco a poco de melancolía-
aunque el puto chocho la verdad lo tiene demasiado ancho;
en todo caso siempre la recordarás
si no por otra cosa al menos por haber implantado el récord
del menor tiempo que una mujer vivió contigo:
47 minutos y fracción
y de esos, la mitad se me fueron en echar una meada
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