Aunque estas conmigo nunca he comprendido el porqué de tu partida, dos extraños bajo el mismo alero, esta sombra silenciosa que envuelve nuestros días inacabados, sometidos al reloj que inventa sus horas en la cotidianidad de conversaciones sin importancia, cierro el balcón a la ciudad, es tu cuerpo o el mio, da lo mismo, el devenir inquieto y la soñolencia de los libros que han intervenido mi anestesiada apariencia.
Nos levantamos, nos despedimos hasta las cuatro...
Última edición: