Nat Guttlein
さん
Me desperté a plena luz amanecida.
De esas que te pegan en el alma,
y que recorren sutilmente por entre tus heridas,
sanando lo que sea que una simple luz, pueda remendar.
Cuando a eso de las once y pico,
como siempre,
decidí emigrar hacia el baño,
me vi y me miré como nunca.
En el espejo cientos de imágenes sin forma,
se sucedían como el PowerPoint torcido que me habías regalado aquella vez,
con fotos nuestras.
Con un rostro que se desarmaba y volvía a adquirir,
el aspecto de una cara.
Me desconocía porque no me hallaba.
Casi caí hacia atrás,
cuando la silla del baño,
se me vino encima empujandome desde atrás de mis rodillas.
Porque todo eso que había estado dándome vueltas,
ahora también se alejaba.
Yo seguí de pie observandome,
cambiar y metaformosearme continuamente.
Crecer y morir y volver a renacer.
Me encontré entre todas esas curvas,
y una que otra herida vieja.
Algunos le llamarán volver a nacer,
yo prefiero seguir creyendo que fue puro acto de fe.
De esas que te pegan en el alma,
y que recorren sutilmente por entre tus heridas,
sanando lo que sea que una simple luz, pueda remendar.
Cuando a eso de las once y pico,
como siempre,
decidí emigrar hacia el baño,
me vi y me miré como nunca.
En el espejo cientos de imágenes sin forma,
se sucedían como el PowerPoint torcido que me habías regalado aquella vez,
con fotos nuestras.
Con un rostro que se desarmaba y volvía a adquirir,
el aspecto de una cara.
Me desconocía porque no me hallaba.
Casi caí hacia atrás,
cuando la silla del baño,
se me vino encima empujandome desde atrás de mis rodillas.
Porque todo eso que había estado dándome vueltas,
ahora también se alejaba.
Yo seguí de pie observandome,
cambiar y metaformosearme continuamente.
Crecer y morir y volver a renacer.
Me encontré entre todas esas curvas,
y una que otra herida vieja.
Algunos le llamarán volver a nacer,
yo prefiero seguir creyendo que fue puro acto de fe.
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