Maya Casares
Poeta recién llegado
I. Con barba, niño, te ries
del negro telón del día.
Con miradas de agonía
sientes, sufres, sobrevives,
te apartas, pero te sigue
la astuta melancolía.
II. Yo espío en tu intimidad,
triste te leo en las mesas,
y siento que me confiesas
lo abandonado que estás
en la amarga soledad,
soledad sólo de esas.
III. Tú no escribes, tú respiras
gritando, chillando fuerte.
Noto al fin que mala suerte
se adentra, sopla y suspira,
se entromete en mí e inspira
la razón para quererte.
IV. Vivo en mi pecho ese frio
del amor irracional,
y el querer que no es verdad;
pues esto que yo ahora escribo,
de la lectura me vino,
y aunque cierto es falsedad.
V. Realidad es que yo quiero
al de la mesa llorosa;
a aquel que ni a hablarme osa...
Si conocerlo no puedo
¿Por qué siento que me muero
por sacarlo de su fosa?
VI. ¿Cómo conseguir que me ame
si de mi encuentro se aleja
y ni acercarme me deja?
Lanza gestos rematantes,
¿Por qué suspenderme antes
de darle ninguna queja?
VII. Mi vida empieza a las nueve
y al mediodía marchita.
Déjame en la mesa escritas
esas tardes en que llueve,
cómo la noche te mueve,
quién ese espacio me quita.
VIII. A besarte como humano,
soñé que me decidía,
y cuando al fin me querías,
resultó el verso tirano,
que vi salir de tu mano,
e hizo del sueño grafía.
IX. Pon en la tabla pintada
la razón de que te quiera;
pide al pupitre que muera
esta pasión alocada,
platónica, enamorada,
imposible y jaranera.
X. Preséntate de una vez
carne y huesos frente a mí;
enséñame a discernir
y así poder comprender
lo real con lo que es,
lo ficticio fin en sí.
Maya Casares
del negro telón del día.
Con miradas de agonía
sientes, sufres, sobrevives,
te apartas, pero te sigue
la astuta melancolía.
II. Yo espío en tu intimidad,
triste te leo en las mesas,
y siento que me confiesas
lo abandonado que estás
en la amarga soledad,
soledad sólo de esas.
III. Tú no escribes, tú respiras
gritando, chillando fuerte.
Noto al fin que mala suerte
se adentra, sopla y suspira,
se entromete en mí e inspira
la razón para quererte.
IV. Vivo en mi pecho ese frio
del amor irracional,
y el querer que no es verdad;
pues esto que yo ahora escribo,
de la lectura me vino,
y aunque cierto es falsedad.
V. Realidad es que yo quiero
al de la mesa llorosa;
a aquel que ni a hablarme osa...
Si conocerlo no puedo
¿Por qué siento que me muero
por sacarlo de su fosa?
VI. ¿Cómo conseguir que me ame
si de mi encuentro se aleja
y ni acercarme me deja?
Lanza gestos rematantes,
¿Por qué suspenderme antes
de darle ninguna queja?
VII. Mi vida empieza a las nueve
y al mediodía marchita.
Déjame en la mesa escritas
esas tardes en que llueve,
cómo la noche te mueve,
quién ese espacio me quita.
VIII. A besarte como humano,
soñé que me decidía,
y cuando al fin me querías,
resultó el verso tirano,
que vi salir de tu mano,
e hizo del sueño grafía.
IX. Pon en la tabla pintada
la razón de que te quiera;
pide al pupitre que muera
esta pasión alocada,
platónica, enamorada,
imposible y jaranera.
X. Preséntate de una vez
carne y huesos frente a mí;
enséñame a discernir
y así poder comprender
lo real con lo que es,
lo ficticio fin en sí.
Maya Casares