Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
La miseria y la suciedad se están riendo de mí cada día y cada noche.
Se vanaglorian con escarnio porque toda yo está mugrosa y llena de sangre seca
que salió de zonas inadecuada para salir.
Fue como puertas abiertas al aire para que respiraran las trilladas gotas rosadas
de una, que fue alguna vez liquido dador de vida a muerte.
Pero, para qué sirve mi pena esconderte
si después de todo, mi poema te alcanzaría el pensamiento
así sea ajeno, así sea realidad lo que me ha tocado lamentar sin risa, sin par.
A veces me da mucha hambre
y el plato de aluminio con la cuchara vieja
permanecen vacíos
y dan gloria de cosas irracionales que no te puedo describir
por no herir tus ojos en esta carta que te escribo,
ni mucho menos tu corazón ya cargado de espanto por mí.
¿Sabes?
mucha gente que estaba a mi lado se han ido ya.
Solo te tengo a ti para contarte de atrasos
lo que semanas pasan en el sótano de este edificio abandonado
pero lleno de arañas parecidas a tarántulas que hunden sus dientes en mi ser miserable.
Las ratas, abundan mucho
como también abunda el ánima en pena que va arrastrando cadenas
y poco falta para comportarse como un animal,
pues he llegado al punto de ser ilógica, incluso, para mí misma.
Debo terminar estas palabras,
ya viene la oscuridad,
y es de común que en las noches,
una amiga de las sombras salga a vagar por ahí
a pocos metros de la vergüenza y la desnudez,
el frio y el cansancio, la suciedad y la miseria,
atrapada en el cuerpo,
atada en las cadenas.
Se vanaglorian con escarnio porque toda yo está mugrosa y llena de sangre seca
que salió de zonas inadecuada para salir.
Fue como puertas abiertas al aire para que respiraran las trilladas gotas rosadas
de una, que fue alguna vez liquido dador de vida a muerte.
Pero, para qué sirve mi pena esconderte
si después de todo, mi poema te alcanzaría el pensamiento
así sea ajeno, así sea realidad lo que me ha tocado lamentar sin risa, sin par.
A veces me da mucha hambre
y el plato de aluminio con la cuchara vieja
permanecen vacíos
y dan gloria de cosas irracionales que no te puedo describir
por no herir tus ojos en esta carta que te escribo,
ni mucho menos tu corazón ya cargado de espanto por mí.
¿Sabes?
mucha gente que estaba a mi lado se han ido ya.
Solo te tengo a ti para contarte de atrasos
lo que semanas pasan en el sótano de este edificio abandonado
pero lleno de arañas parecidas a tarántulas que hunden sus dientes en mi ser miserable.
Las ratas, abundan mucho
como también abunda el ánima en pena que va arrastrando cadenas
y poco falta para comportarse como un animal,
pues he llegado al punto de ser ilógica, incluso, para mí misma.
Debo terminar estas palabras,
ya viene la oscuridad,
y es de común que en las noches,
una amiga de las sombras salga a vagar por ahí
a pocos metros de la vergüenza y la desnudez,
el frio y el cansancio, la suciedad y la miseria,
atrapada en el cuerpo,
atada en las cadenas.
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