Ictiandro
Poeta adicto al portal
Es la aurora un silencio que palpita
en esta ciudad desierta donde te pienso,
las calles son el tablero de ajedrez
que olvidé el día que tropecé con tus ojos.
Se borran los recuerdos, fuga del ayer,
miro tu imagen atrapada en segundos
y la conjugo con cada una de tus palabras.
Es ritual de mi despertar tardío
mirar la flor que está sobre la mesa
con esa postal que no tendrá destino.
Florecen las metáforas en tallo único
de tus encantos distantes,
la lluvia acaricia mis pasos en el asfalto
junto a la brisa húmeda del tacto lejano.
La soledad de los parques que transito
estalla en eco de tu nombre
sobrevolando grises tejados amnésicos.
Entonces la noche me abraza despierto
hurgando en mi pecho la palabra que falta,
descubro mis manos a cientos de kilómetros,
mi presencia etérea y efímera,
la nada de la nada, el vacío que ruge
sabiéndote como algo que no describo
ahorrando el temor de una despedida temprana
o la huída de mi ciudad eclipsada.
Seguir callendo... deshojar el verso,
romper el alma en mil pedazos
contra los arrecifes del tiempo
y nada, somos nada, partículas de agua
aferradas en una misma ola.